Las 9 y 10

Llego tarde a mi cita con el blog. Escribo escuchando Sabina. Escribo casi por obligación. Hastío de sala de espera. Otro día más sin saber de la inspiración.
Vengo de escuchar a mi hermana y me pregunto si tal vez sea por vez primera. Mientras acariciaba con sus dedos el piano entendía que la casa quedó vacía el día que la habitación del fondo guardó silencio. Aquel piano negro y vertical me levantó a mi compañera de juegos de infancia. Recuerdo más de una escena que quisiera borrar y, si pudiera volver a aquella infancia, yo también participaría de los piropos que al terminar su recital le hacían.
Mi hermana se hizo mayor y la cola del piano se hizo más grande. Las clases en Valencia y Godella me permitían hacer amigos de fin de semana. Si volviera a sonar aquellas notas en la habitación que queda al lado de la mía, volvería a levantarme y acercarme a mi puerta, y esta vez sí, cerraría los ojos, escucharía en silencio y al terminar, me asomaríapara pedirle que me dedicara alguna nota.
He olvidado aquellas canciones que tanto escuché. Por no recordar no recuerdo cual era aquella canción que tanto debía gustar a Mozart que al llegar a no sé qué nota le daba por aullar y cuando mi hermana terminaba de tocar se marchaba como si nunca hubiera sonado.
El éxito de mi hermana con el piano es compartido. Es el éxito del sacrificio de mis padres, con su dedicación a hacer viajes, aguantando los nervios y hasta apretándose el cinturón con esos gigantes negros, por todo lo que aguantaban cada vez que mi hermana tenía que pasar una prueba de acceso.
El éxito de mi hermana está irremediablemente unido a la fiera, Matilde Salvador, a Carmen Calomarde, a Jorge y a tantos otros pianistas anónimos que le proporcionaron un poco de su don para que lo hiciera suyo.
La clave siempre fue su templanza. En eso siempre quise parecerme a ella. Nunca le ha temblado la mano en el momento más inoportuno, siempre ha tenido la mente fría y el puño firme, siempre con buena letra y un talento para el arte.
Hoy entendí lo que unos acordes pueden hacerte sentir. Igual que el poeta escribe por necesidad, y sus sentimientos se transmiten en sus palabras, las notas hablan del sentido del humor de su compositor. Pero eso también es un imposible para mis habilidades.
