Wednesday, October 14, 2009

El puente del Pilar

Pasó el puente rápido, como suelen pasar las cosas buenas de la vida. Unos días de descanso en tierras de Quijotes y Sanchos. Con largos paseos en busca de setas por los montes del zorro, del ciervo o del jabalí. Bajo la mirada, a veces, de un grupo de águilas que hablan de la majestuosidad con que la naturaleza les ha dotado. A veces creo que es absolutamente necesario un poco de paz para tener un soliloquio. A veces creo que esos árboles conocen de mis medios y mis sueños.

Hubo tiempo para todo. Me gusta pasar las horas en el calor del hogar. Alimentando de vez en cuando la chimenea con un tarugo escogido aleatoriamente del garaje. Volver al sillón que antes mecía a mi abuelo y ahora adormece mis ilusiones, tomar un libro, y perderme en el silencio que envuelve al pueblo. Y al llegar la noche, un paseo con el ruido de mis pasos por única compañía, y con aroma a chimenea y a pueblo. Poco a poco la oscuridad de la noche, su silencio, se va volviendo en luces y ruídos del corazón de Alustante, y es que hay que llegar pronto si se quiere coger sitio en el bar de la esquina. En fechas como esta Alustante se sigue llenando de jóvenes, que no de mi quinta, aunque eso no sea un problema para dejar correr las horas deprisa entre cubatas e historias más o menos maquilladas.

Mientras, en Alicante, Lena alcanzaba la centena, y se llamaba Rosario. Y mi sonrisa se contagió de la suya mientras me contaba como fue sacar, una vez más, vida. Y de como las mamás lloran de alegría olvidando lo sufrido. Este mes nos hacía falta. Hemos vuelto a engañarnos, por unos días, pasando las horas juntos entre semana como hacíamos antes de que el destino nos pusiera a prueba. En tiempos como estos, ociosos por fuerza que no por capricho, viene bien dejarse llevar por los deseos y abrazar las ilusiones.

Unos arrogantes pájaros, orgullosos de sus plumas, dieron más de una alegría a mi amigo Fernando, y bien merece mi enhorabuena si gusta de tenerme por compañía en una cena a escondidas.

Hoy ya es miércoles y no sé como se ha vivido en Valencia las últimas pesquisas entorno a la trama Gürtel. Hoy tuve una entrevista de trabajo, a ver si hay suerte. Hoy se habla del derbi de la plata e imagino que la flaca andará maquillándose la cara con el color celeste, afinando sus cuerdas con algunas palabras ripiosas que adornaban su login:  “No te pido un imposible, lo diste y lo vas a dar!” VAMOS HOY URUGUAY!!!

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Monday, September 21, 2009

Un finde cualquiera el paraíso

Un fin de semana cualquiera cogímos el coche, cargado con ropa de abrigo y muchas ilusiones. Alustante bien vale mi sonrisa.

Esta vez sonaba Fito. Esta vez el cielo se marcó el detalle y no llovió por el camino. Esta vez Alustante nos recibió a medio camino entre la soledad que hace el frío y el recuerdo de un lleno absoluto allá por agosto. Esta vez sí, me acordé de Ana repitiéndose en mi recuerdo aquella frase que quedó grabada para siempre. Y es que esta vez Alustante olía a pueblo. A pueblo y leña, y frío y monte. Y soledades que curan hablar cuando llegas a las tiendas y compras, porque Alustante, desde hace algunos años, ha perdido en bares, pero ha vuelto a recuperar el placer que te da escoger la tienda donde comprar las papas, el queso o el jamón.

Esta vez sí, escuché la berrea. Y volvimos a ver ciervos, con lo que le gusta a Lena. Y volvimos a pasear por las montañas. Yo mirando al suelo a ver si algún rebollón tempranero asomaba. Lena abriendo su olfato, agudizando su oído, fijando su mirada en las pinadas, dejando escapar algún suspiro y señalándome cuando descubría en lo alto algún águila que volaba ajena a un cielo gris.

Por un trabajo no terminado a tiempo el jueves me acosté pasadas las seis de la mañana. Y es por eso que la noche del viernes a las once estábamos en cama. No fue hasta el sábado que subimos al bar y echamos un trago en Hontanar. Y dada la poca afluencia de los míos por estas fechas volvímos pronto a casa, no sin antes dar un último paseo. Contemplar las estrellas desde la oscuridad de las eras, visitar callejas sin vida, cerradas por el frío y contarle mis recuerdos… Despertar en Alustante con los mejores besos. Asomarse unos minutos a ver el molino allá a lo lejos. Observar desde lo alto un campo de girasoles cabizbajos. Huertos recién labrados. Con sus eras, tan faltas de trigo. Escuchar el lenguaje de unos chopos allá a los lejos, bajo un cielo de llanto fácil, se me antoja el paraíso.

Un domingo cualquiera cogímos el coche, dejando en mi tierra algunos besos y abrazos por falta de espacio en el maletero. Nos despedimos de esas piedras, de esas calles y de la poca gente que quedaba y marchamos indecisos de volver por Cella o por Santa Eulalia. Y en el cruce de Bronchales dimos un giro a los planes. Torciendo a la derecha, subiendo el pueblo, camino de Nogueras, que es bonita la carretera, con sus curvas y sus cuestas que conducen a Albicirrín. Con las ventanillas a medio bajar, no fueran a notarse los diez grados que marcaba el termómetro, anduvimos unos kilómetros en silencio, sólo roto por el cantar del río Guadalaviar, que en Valencia pasará a llamarse Turia. Una mirada a las montañas agrietadas bastó para detenernos a dar un paseo.

Tramacastilla es pequeño, muy pequeño. Casi podría decirse que no tiene vida, de no ser claro porque vimos coches y perros esperando en la puerta de un bar que estaba abierto. Y porque su gente es amable con el viajero. Tramacastilla tiene un anciano, y un hijo de éste. Y ambos  se sientan juntos a ver la vida pasar en la parada de autobuses. Tiene además un señor algo más joven que el anciano, de voz muy dulce, que acompaña al viajero unos pasos mientras le cuenta historias divertidas de sus nietos. Y al caminar, de nuevo solos, Lena me mira y sabe que mi sonrisa no es sino porque acabo de conversar con ellos. No habrá placeres tan baratos y que me llenen tanto.

Y por fin Albarracín, que tan bien nos conocemos. Resulta gracioso ver turistas escandalizados al ver una casa pintada de azul como si de una casa andaluza tratara. Lena y yo nos miramos y nos preguntamos si tal vez les viniera bien una explicación de unos atrevidos viajeros que hagan las veces de guía. Nos decantamos por seguir nuestro paseo sin interrumpir sus protestas por un Albarracín con resaca de fiestas. Eso al menos deduje de su plaza de toros, tan parecida a la que hace tiempo montaban en mi pueblo.

20092009609

El regreso a casa lo hicimos sin detenernos en mi Segorbe. Sin parar en Sagunto a visitar las piedras que esconden a Mozart. Sin ver a más familia que nuestros padres. Ducha rápida y a la estación del Norte. Un beso de despedida y un brazo que se agita.

Dejo esta canción, me faltó escucharla.

Posted by magras at 14:55:12 | Permalink | Comments (9)

Tuesday, September 1, 2009

El corto verano se acaba

Mis veranos acostumbran a terminar el 31 de agosto. Lo anuncian las campanas en lo alto de una iglesia que quizá este año no se haya sentido coqueta a mis miradas porque apenas tuve tiempo de verla.

Mi verano empezó una noche cualquiera, en la mejor compañía. Celebrábamos sin saberlo un buen año. Lo hacíamos junto a la playa, tomándonos una paella, con un vino blanco de los de Valencia. Paseamos por el puerto y nos comimos a besos. ¿Acaso pueda empezar mejor mi historia?

Le debía a Lena dos semanas de sus vacaciones y las cubrimos lo mejor que pudimos. Una excursión a las montañas de Serra. A las cercanas y alejadas tierras de mi pueblo. Un fin de semana en las playas de Denia y Formentera me descubrieron que no pinta mal la playa. Cinco días recorriendo las playas de Ibiza y Formentera con la familia de Lena era como soñar despierto.  Nunca imaginé de esos colores el fondo del mar. ¡Qué aguas!

Agosto es un mes cargado de cumpleaños, recuerdos que no puedo olvidar, y fiestas. No sabría explicarlo, pero basta con decir que Alustante es un sentimiento. Este año no he podido subir todo lo que quería por mi pueblo. No pude coincidir con Tomás antes de su marcha a Odense como tampoco pude estar con otros veteranos que cada año no se olvidan de fichar. Es por eso que quizá cogí con ganas las fiestas. Porque con Ruedecillas es fácil dejarse liar y al final nos gusta estar en misa y repicando… Así que vivíamos la noche y no nos acordábamos de descansar de día. Y así acabamos, marchándonos a dormir un sábado cualquiera a las 8 de la tarde a ver si recuperábamos las horas de sueño que durante 2 días en vela (salvo una siesta de un par de horejas) llevábamos cargando a cuestas.

Agosto me ha servido para disfrutar de los míos. Para pasar algo más de tiempo con mi abuelo, cada día más mayor. Para recordar a los que ya se han ido. Duele ver que el  silencio no entiende de edades. Con septiembre toca empezar otra vez de cero. Alejandro ha empezado hoy una nueva etapa en la guardería. Con septiembre todo ha vuelto a la normalidad. Alicante se ha llevado mis tesoros (no todos, alguno anda suelto por el norte). Segorbe empieza sus fiestas y en breve sus encierros. Cuando llega la noche me encierro en mi habitación, enciendo el ordenador, tomo asiento y busco y encuentro y escucho en silencio con la frente marchita.

Posted by magras at 22:28:09 | Permalink | Comments (1) »

Friday, July 31, 2009

Carretera y manta

Sin pensarlo y hasta sin saberlo hemos recorrido parte de los caminos… El del cid, el del Quijote. Historia y literatura entremezcladas a veces para hacer las delicias del abajo firmante.



El verano que nos ocupa empezó con retraso.  El poco tiempo que llevamos ha sido intenso, muy intenso. Repleto de excursiones con un poco de las cosas que me gustan a mi y un poco de las cosas que le gustan a Lena. Hemos combinado paseos por las montañas con visitas a pueblos que conocen su historia. Y la lucen y la guardan con recelo y hasta la hacen suya. Pero la comparten con los visitantes que, si bien deben ser muchos en otras épocas del año, se extrañan al vernos entrar a preguntar en sus oficinas de turismo un día cualquiera.

Con motivo de una escapada a las montañas de Serra escuchamos el silencio que se respira alrededor de un monasterio que optó por cerrar sus puertas al ruido del mundo, y tras sus muros hay un anciano monje que se asoma a hablar con los visitantes y pide que no le tengan vergüenza, porque como dice él, “no tengas vergüenza, que con toda la que sobra en el mundo…”

Disfrutamos de unas vistas en lo alto de una montaña, casi tocábamos el cielo con la punta de los dedos, y el viaje hasta lo alto de aquel lugar, que no ocultaba tormentas, fue divertido a lomos de un 4×4 al que le perdí el respeto a tiempo de disfrutar de sus cuestas.

Recorrimos una parte de las Españas en poco tiempo. Y así, un poco en tierras aragonesas, un poco en las castillas (la vieja y la nueva) fuimos entremezclando ilusiones, recuerdos, caras de asombro y sonrisas que no se podían ocultar cuando, en el monasterio de piedra, una guía joven y educada daba muestras de sus conocimientos a lo largo de unas paredes a trozos derruidas que esconden paz entre sus piedras.  Y a través de sus palabras viajamos en el tiempo tratando de visualizar sin cerrar los ojos al abad, sentado  bajo unos ventanucos. A un monje confeso entre los cuatro pilares, denunciando públicamente cualquier pecado. Rompiendo el silencio un murmullo que hablaba de no sé qué castigo, no demasiado severo para con su hermano… Vimos las bodegas donde hacían su preciado vino. Nos mostraron la cocina donde se cocinó por vez primera el chocolate en Europa allá por el 1500. Sorprende que al entrar todavía huela a hollín. Respiramos silencio a lo largo de su claustro… ¿Qué pasaría por la mente de aquellos monjes al pasear por el claustro?

Y al terminar la visita, un trozo de paraíso.  Las cascadas, con su rítmico cantar, hablaban al viajero. Y estas manos se imaginaban viejitas y arrugadas, descansando en aquellos bancos una tarde cualquiera. Apartado de la monotonía de este mundo de locos todavía por civilizar.

Pernoctar en Alustante no siempre es sinónimo de esperar al sol despierto. A veces, Alustante se refugia entre las montañas, como esperando a su gente. Y la vida gira entorno a un bar que cierra pasada la media noche y los cafeses y los pacharanes son las almas de la fiesta. Me gusta pasear con Lena de noche por las eras. Enseñarle el manto de estrellas que aprecia como hacía yo hace ya tanto tiempo… Es curioso como se pierde la costumbre de valorar lo bueno de las cosas cuando se acostumbra uno a ellas.

Una mañana en compañía de la familia y vuelta a la carretera. Esta vez a Sigüenza, la del doncel, la de la Solateras. Y esta vez sí, vimos el doncel de cerca. Tan cerca que casi podía sentir que su mirada se desviaba por unos segundos de su lectura eterna, y al tiempo que pasaba de página, me miraba de soslayo… Siempre he sentido admiración por los entendidos en la materia, no importa cual fuera. Y no dudé en quitarme el sombrero, abrir bien los ojos y casi sin darme cuenta la boca escuchando a un guía que con acento tirando a uruguayo nos explicaba la gloria y la decadencia de aquella ciudad, de aquellas piedras. Y este eterno aprendiz de brujo ya está pensando en regresar de nuevo. La próxima vez en martes, jueves o sábado para bajar a ver la cripta. Y es que de pasear por esas calles uno nunca se cansa.

Si Lena ya me anticipó que aquella catedral bien podría pasar por fortaleza, miró también con asombro el castillo en lo alto. Una comida en la casa del doncel y un paseo por los medievales seguntinos antes de coger el coche otra vez, carretera y manta, a Medinaceli, que pinta bien la carretera que te lleva directo desde Sigüenza.

Ya me advirtieron que me iba a gustar, casi tanto como todo lo recorrido en tan poco tiempo. Un lugar que conocía por su ducado. Cuanto desconocía de su historia. Nos recibió en lo alto su puerta romana, única en España.  Anduvimos por aquellas calles y advertí que en Soria se trabaja de forma distinta a la piedra en las casas… Qué placer daba ver a su gente, anciana como sus piedras, envejecer al tiempo que su tierra. Viendo pasar la vida tranquila en cualquier recodo si es bueno para hacer sombra.

Y de regreso a casa, un paseo, una vez más, por mis recuerdos. Todavía tengo alguna nueva historia que sacar de la chistera cuando camino deprisa hasta la pastelería Mauro, a tomarme unos jericanos.

Posted by magras at 19:49:06 | Permalink | No Comments »