Un finde cualquiera el paraíso
Un fin de semana cualquiera cogímos el coche, cargado con ropa de abrigo y muchas ilusiones. Alustante bien vale mi sonrisa.
Esta vez sonaba Fito. Esta vez el cielo se marcó el detalle y no llovió por el camino. Esta vez Alustante nos recibió a medio camino entre la soledad que hace el frío y el recuerdo de un lleno absoluto allá por agosto. Esta vez sí, me acordé de Ana repitiéndose en mi recuerdo aquella frase que quedó grabada para siempre. Y es que esta vez Alustante olía a pueblo. A pueblo y leña, y frío y monte. Y soledades que curan hablar cuando llegas a las tiendas y compras, porque Alustante, desde hace algunos años, ha perdido en bares, pero ha vuelto a recuperar el placer que te da escoger la tienda donde comprar las papas, el queso o el jamón.
Esta vez sí, escuché la berrea. Y volvimos a ver ciervos, con lo que le gusta a Lena. Y volvimos a pasear por las montañas. Yo mirando al suelo a ver si algún rebollón tempranero asomaba. Lena abriendo su olfato, agudizando su oído, fijando su mirada en las pinadas, dejando escapar algún suspiro y señalándome cuando descubría en lo alto algún águila que volaba ajena a un cielo gris.
Por un trabajo no terminado a tiempo el jueves me acosté pasadas las seis de la mañana. Y es por eso que la noche del viernes a las once estábamos en cama. No fue hasta el sábado que subimos al bar y echamos un trago en Hontanar. Y dada la poca afluencia de los míos por estas fechas volvímos pronto a casa, no sin antes dar un último paseo. Contemplar las estrellas desde la oscuridad de las eras, visitar callejas sin vida, cerradas por el frío y contarle mis recuerdos… Despertar en Alustante con los mejores besos. Asomarse unos minutos a ver el molino allá a lo lejos. Observar desde lo alto un campo de girasoles cabizbajos. Huertos recién labrados. Con sus eras, tan faltas de trigo. Escuchar el lenguaje de unos chopos allá a los lejos, bajo un cielo de llanto fácil, se me antoja el paraíso.
Un domingo cualquiera cogímos el coche, dejando en mi tierra algunos besos y abrazos por falta de espacio en el maletero. Nos despedimos de esas piedras, de esas calles y de la poca gente que quedaba y marchamos indecisos de volver por Cella o por Santa Eulalia. Y en el cruce de Bronchales dimos un giro a los planes. Torciendo a la derecha, subiendo el pueblo, camino de Nogueras, que es bonita la carretera, con sus curvas y sus cuestas que conducen a Albicirrín. Con las ventanillas a medio bajar, no fueran a notarse los diez grados que marcaba el termómetro, anduvimos unos kilómetros en silencio, sólo roto por el cantar del río Guadalaviar, que en Valencia pasará a llamarse Turia. Una mirada a las montañas agrietadas bastó para detenernos a dar un paseo.
Tramacastilla es pequeño, muy pequeño. Casi podría decirse que no tiene vida, de no ser claro porque vimos coches y perros esperando en la puerta de un bar que estaba abierto. Y porque su gente es amable con el viajero. Tramacastilla tiene un anciano, y un hijo de éste. Y ambos se sientan juntos a ver la vida pasar en la parada de autobuses. Tiene además un señor algo más joven que el anciano, de voz muy dulce, que acompaña al viajero unos pasos mientras le cuenta historias divertidas de sus nietos. Y al caminar, de nuevo solos, Lena me mira y sabe que mi sonrisa no es sino porque acabo de conversar con ellos. No habrá placeres tan baratos y que me llenen tanto.
Y por fin Albarracín, que tan bien nos conocemos. Resulta gracioso ver turistas escandalizados al ver una casa pintada de azul como si de una casa andaluza tratara. Lena y yo nos miramos y nos preguntamos si tal vez les viniera bien una explicación de unos atrevidos viajeros que hagan las veces de guía. Nos decantamos por seguir nuestro paseo sin interrumpir sus protestas por un Albarracín con resaca de fiestas. Eso al menos deduje de su plaza de toros, tan parecida a la que hace tiempo montaban en mi pueblo.

El regreso a casa lo hicimos sin detenernos en mi Segorbe. Sin parar en Sagunto a visitar las piedras que esconden a Mozart. Sin ver a más familia que nuestros padres. Ducha rápida y a la estación del Norte. Un beso de despedida y un brazo que se agita.
Dejo esta canción, me faltó escucharla.
Joder Artur! Mira que después de leer tu post dan ganas de ir corriendo a Aluststnate a disfrutar de todo lo que comentas. Da hasta envidia sana! Como te he dicho muchas veces, espero algún dia poder volver a tu patria y poder disfrutarla en plenitud de condiciones, ya que en la anterior y única visita, se podría decir que pisé Alustante a la pata coja.jaja!
Bueno, me ha alegrado la verdad, tu llamada de mediodia, ya que tu esfuerzo sabes que merecía alguna recompesa, ya que por lo visto los genios de vez en cuando crean algunas “aberraciones”. Chapeau por ti Artur y no me cansaré nunca de admirar tu prosa literaria cada vez más precisa y a la vez más preciosa. Aunque a algunos esto les sonará a ¿peloteo?
Un abrazo.
Te la debía Fernando, y al final fue un trabajo en equipo que tuvo su recompensa.
Alustante está quieto, cada día más frío, pero esperando que vayamos a darle calor ahora que lo hemos abandonado con la llegada de la rutina.
Gracias por lo de la prosa literaria, pero no son ojos de crítico los que me la califican por lo menos de aceptable, sino los de un buen amigo.
Un abrazo.
PD: Seguiremos dando guerra, pernoctando si es necesario, ampliando tu carpeta de apr.
Y yo aún sin conocer tu Alustante…
Me autoinvito este invierno que olerá a leña.
Un fin de semana para cuatro, sin que falte el buen comer, el buen beber y una buena conversación que nos debemos hace tiempo, no crees?
También yo escucho Fito… y cuánto me acuerdo de ti, de los Nachos y de un montón de buenos recuerdos.
Cuánto cariño se os tiene…
Auxi queda pendiente pues poner una fecha para ése finde que nos debemos. Pero ya que vamos a estar tan a gusto conversando, creo que es justo invitar a un soltero, y a un cura, y no sé si me dejaré a alguien… Sólo queda pendiente poner fecha, y que la casa esté libre. Algo me dice que este va a ser el año que más escapadas con gente de Valencia haga a mi pueblo.
Un besazo, para 2
En cuanto tenga las fechas del master y llegue el curita de Roma fijamos fecha.
SONRISAS
Ok, lo hablé con Lena y tendrá que ser a partir de su examen, en enero.
Un besazo!
Perfecto!!
A ver si cuando vuelva visito tus pagos, que con tus relatos me dieron ganas. De mi parte los espero por los míos
Besos!
Por supuesto Iso! Marchando un viaje al paraíso con la flaca!
Un besazo, espero que no tarde tantos meses en llegar como el último, pero nunca se sabe, con esto de las tecnologías viajando por dos mundos y el tiempo