Thursday, September 10, 2009

Esto ya está escrito

Ayer volví al lugar donde habitan mis recuerdos de infancia.

Sé que me repito, pero no puedo dejar de escribir de lo que siento.

Septiembre acostumbra a llevarse los recuerdos de unas fiestas cansadas y disolutas casi por igual. Sus historias, nuestras historias, andan en boca de todos durante algún tiempo. No acostumbran a alargarse más de un año, salvo alguna gesta que todavía no haya sido inventada. Este año el premio se lo llevó la charanga, saliéndose en una curva a escasos kilómetros de Alustante. Por fortuna no fue más que el susto y la comidillida de los jugadores de guiñote cuando vieron aparecer a la grúa cargando con lo que quedaba de aquel pobre Focus. Que tenga arreglo lo desconozco. Peor estaba el coche (y tuvo arreglo) de cierto amigo de cuyo rostro no logro acordarme cuando, en una curva con gravilla, contraperaltada y mal señalizada, nos salimos dando una vuelta de campana. Aquel día fuímos víctimas de los rumores de los ancianos jugadores del guiñote. Llegaron a contar a cuatro ocupantes (uno debieron darlo por muerto al ver que llegábamos sólo tres con algún rasguño, pero nada serio), y el conductor, contaban, borracho perdido a las doce del medio día. Vaya usted a saber si tomó algo más duro…

Septiembre es, al mismo tiempo, tradicional fiesta taurina, ¡de interés turístico internacional, oiga!. Septiembre es Segorbe, Segorbe es septiembre, y en ellos van mis recuerdos. Tal vez podría aventurarme a encontrar aparcamiento por el centro. Pero acostumbro a dejarlo enfrente de la casa que me vio crecer. Como si todavía mi iaio, asomándose a la ventana como acostumbraba a hacer, pudiera verme salir de allí con esa sonrisa que sólo provocan los recuerdos. Tal vez, digo, pudiera aparcarlo por el centro. En cuyo caso me perdería la oportunidad de adentrarme por sus entrañas, dando rienda suelta a mis recuerdos. Creo que conservo un recuerdo por cada calle, a veces, incluso, dos. Ha cambiado desde que me fui. Aquellas explanadas donde jugaba con mis amigos de infancia son ahora fincas, fincas y fuentes con bancos, y flores y árboles. Imagino que en otro tiempo formen también parte del paisaje niños y ancianos.

No acostumbro a caminar solo. Esta vez le tocó a Fernando sufrir mis sonrisas, mis historias y mis lamentos. Mucho debe quererme, o tal vez había algo de cierto en su interés, cuando me preguntaba, caminando a paso ligero, por aquellas historias que repito cuando viajo a mi infancia. Nos pusimos en el estrecho, donde acostumbro a verlo. Tuve suerte y nadie se puso a mi lado, lo ví solo, muy pegado a una escalera. Fernando, algo más cauto, se alejó unos metros. Los vio desde la curva, me cuenta que muy atento. ¿Cómo estuvo la entrada? Fue casi perfecta. Los caballistas los cuadraron bien. Lástima que un cabestro quedara algo rezagado del resto, obligando a tres caballistas a acompañarlo hasta la plaza.

Por si tenéis interés en verlo, aquí os lo dejo. (si utilizas firefox debes instalarte un plugin, recomiendo ver el vídeo en internet explorer).

Posted by magras at 09:47:25
Comments

4 Responses to “Esto ya está escrito”

  1. Lena says:

    Quiero pasear contigo mil y una vez por tu Segorbe.
    Escuchandote e imaginando que puedo observarte a traves de una mirilla cuando eras un niño.
    Luego mirarte y descubrir el brillo en tus ojos.

  2. Magras says:

    De niño mi vida no tenía demasiadas emociones. Jugábamos en la calle, a veces con espadas capaces de disparar. Otras veces nos bastaba un balón, una camiseta y sabernos el nombre de nuestros ídolos para simular que aquella estrecha calle era Mestalla, el Bernabeu o el Nou Camp.

    Lo del brillo en mis ojos me extraña… Tal vez entrara alguna mota de polvo. Ya sabes que los chicos no acostumbramos a llorar ;)

    En lo que respecta a la compañía, dalo por hecho. Mil y una veces es quizá demasiado corto, yo me pido toda la vida.

  3. Lena says:

    yo tambien:¡¡toda la vida!!

  4. La Solateras says:

    En algunas reuniones una no se atreve a entrar… pero te leo.

Leave a Reply