Punto… ¿y seguido?
Quizá nuestra relación empezó a curtirse por los pasillos de los hospitales, cuando paseábamos en el más absoluto de los silencios, sólo roto por el golpeo de sus zapatos con un suelo frío. Frío y ocuro como aquellas salas de espera, tan vacías a aquellas horas de la mañana. El viaje desde Segorbe se me antojaba demasiado corto, y mientras mi madre hacía cola para entregar mi cartón y esperar mi turno, mi padre me invitaba a pasear con él por aquellos pasillos. No hablábamos. Yo temblaba por dentro, no quería derrumbarme ante nadie, y él, imagino que pensaba él…
Desde que era chico ha jugado a futbol. Pasó por todas las categorías del C.D. Acero y nunca abandonó esa afición por ese deporte. En Segorbe cambió las botas por la raqueta y de vez en cuando jugaba a futbol sala. Seguía jugando un par de veces al año en partidos con el banco y hasta recuerdo con nostalgia partidos en que jugaron los tres hermanos.
Ya de regreso al Puerto de Sagunto le invitaron a jugar de nuevo en un equipo de veteranos. Han pasado ya diecisiete años desde aquella tarde en que le dijera que quería ir a verlo. Aquella tarde firmamos, sin saberlo, una costumbre en nuestro calendario. Desde entonces y hasta hace algunos años, cuando mis amigos me decían de quedar en sábado por la tarde les decía que no podía porque tenía partido.
Sé que guarda en su cajón con nostalgia un trozo de su juventud. Esas fotos en blanco y negro no ocultan el verde del césped del estadio Fornás, o el rojo y blanco de la camiseta, con sus pantalones negros. Sus fichas como federado en el C.D. Acero.
He visto pasar a muchos jugadores por el equipo que a cierta edad se retiraron. Nunca pensé que a mi padre le llegara ése momento. Ya esta última temporada ha venido jugando menos. La rodilla no responde como antaño. Ya se ha convertido en el más veterano de los veteranos y sin embargo sigue jugando con las mismas ganas.
El sábado pasado iba a ser su despedida. Quizá por eso me olvidé de las obligaciones y fui a verlo. Una vez más… Esa mañana le pregunté que donde era el partido casi desinteresádamente, no quería que se diera cuenta de mis intenciones. Llegué tarde, es cierto, pero a tiempo de verlo jugar. Disfruté de mis recuerdos sentado en la grada, sin decirle nada, como cuando él venía a verme… En una de esas supo de mi presencia. Alzó el brazo en señal de saludo, o quizá de agradecimiento. Cuando llegó el descanso vino a la grada. Se sentó a mi lado. Hablamos.
Hacía un tiempo ya que no entraba, linda sorpresa tener varios posts para leer.
A ver si me entero de esas tierras por tus palabras, y no por los medios, que no siempre nos pintan la realidad. Ya te enteraras tú cómo están las cosas por acá, aparte de frías, claro ;).
Un abrazo!
Iso
por fin lo has escrito!!me ha gustado mucho…como siempre…besos
Por fin lo escribí… Y hace algunos días que escribí otro post referente a un viaje que espero podamos hacer al menos en parte, si cumplimos el propósito de recorrer el camino del Cid… Pero este blog no me deja publicarlo… Será que ya se ha cansado de mis palabras.
Besos Pat
Iso! Ya me contarás por lo pronto si le gustó el gato a tu mamá!
Un besazo
Hola, Magras, muy bonito ese homenaje a tu padre. Y esas primeras y enigmáticas líneas para los que no te conocemos que dejan un regusto de miedos y angustias pasadas.
Un abrazo