Aniversario
Ha pasado ya un año y dos días desde que empezara como matrona, y en todo este tiempo han asomado su cabecita 63 nenes y nenas, suma y sigue, que cobraban vida en un archivo que guardo con cariño en mi ordenador y que lleva por título canicas. Porque sí, porque cada historia. Cada grito. Cada lágrima derramada por los papás y las mamás ha quedado inmortalizada en ese archivo que lleva la cuenta de las canicas que Lena debe insertar algún día en una pecera, como le aconsejó un buen amigo (ojalá fuera fácil conseguir los sueños…) para que, cuando lo mire con cariño, recuerde siempre que cada canica es una vida, una historia, un recuerdo y una sonrisa.
Hace un año Lena volvió a casa. Como hoy. No es que echara de menos mis abrazos, que también. Alejandro se marcó el detalle de asomar su cabecita y le lanzó un guiño a su tío con la visita inesperada de su tía. Ha pasado ya un año desde que me recibiera con un grito cuando le asusté al decirle, en voz muy bajita, que yo era su tío, el que durante tanto tiempo había escuchado desde el otro lado de su mundo. Tal vez mi voz sonara entonces como de ultratumba. Tal vez por eso no me reconoció cuando le decía que tenía unos ojos enormes y bonitos (como otrora me dijera mi iaia). Tal vez por eso su grito, que trataba de convertirse en lloro y miedo hacia lo desconocido, sólo pudo que arrancarme una carcajada. Ahora ya anda, ya dice algunas palabras y responde sin rechistar con gestos divertidos y graciosos a cualquier petición que le hagamos. Ahora sí, me regala su sonrisa cada vez que me ve y deja asomar sus dientecitos, que tanta guerra le han dado, y lo que le queda hasta que salgan todos…
Desde entonces, y hasta ahora, han pasado demasiadas cosas. Alicante se llevó otro de mis tesoros, y van quedándome menos. Mozart se marchó definitivamente, aunque hacía ya tiempo que no estaba. Dediqué unas breves palabras en mi querido diario por no sé qué asignatura que se había convertido en mi pesadilla, llegando a minarme incluso la confianza…
Hasta yo mismo he cambiado. Me he vuelto más solitario. He decidido alejarme del pasado para no ser más esa figura que debe hacer pública su agenda sin esperar nada a cambio.
Hoy mis padres celebran ya su aniversario. Hace ahora treinta y dos años se daban el sí quiero en una capilla del Puerto de Sagunto. ¿Quién les iba a decir por aquellos días que la vida les iba a cambiar tanto? En sus más de cuarenta años juntos han dejado amigos a su paso por los lugares en los que nos hicimos familia. Han despedido a amigos, familiares y hasta a un hermano. Han pasado penurias y alegrías siempre lejos de los suyos. Como ahora yo con Lena. ¿Y todavía me preguntan por qué siguen pareciendo dos enamorados?