Esto va de medievales. De Teruel. De ruido, fiesta y disfraces. Esto va de dos amantes. De una conversación en el trayecto capaz de apagar la voz del mismo Sabina sin echarlo de menos.
Va de Isabel y Diego, y su trágico final. No encontré mejor pretexto para ser dos. Y de Lena y Arturo, y de su chiflada celebración que bien merece ser recordada en su aniversario. De pasar un rato por una fiesta cada año más grande, cada año más multitudinaria.
Este año merece el post que no tuvieron los anteriores. Eran ya tres años sin subir a esta fiesta por mejores o peores argumentos. Pero como en las otras ocasiones que he estado, y creo que suman ya cuatro, el sol se ha marcado un detalle dejándose ver por aquellos lares. Acaso él tampoco quiera perderse un día de medievo en pleno siglo XXI.
Por esa buena gente, con su mercado medieval, su toro ensogado. Sus obras teatrales que narran la historia de dos amantes. O esas batallas que dejaron a este que escribe con la sensación de que faltó algo. No faltó ni el recuerdo de la matanza. Fiesta bañada con un vino y una cerveza, en la mejor compañía, claro.
Y de vuelta a casa, parada en mi Segorbe. Un paseo por las calles que me vieron crecer dibujaba una sonrisa en mis labios. Historias que rescato del recuerdo y narro por enésima vez a mi compañera al tiempo que caigo y por fin entiendo qué de bueno hay en los recuerdos de Javi para que tenga una sonrisa, una frase y un silencio por cada callejón de su viejo pueblo. Un café y un jericano bien merecen tomarse sentado. Y allí, entre risas y recuerdos, me voy despidiendo hasta la próxima de mi pasado, preguntándome qué habría sido de mi de no haberme marchado.
El milagro de la vida es tema de conversación casi a diario. Lena me cuenta de su trabajo, que no siempre es bonito y con final feliz, pero vale la pena seguir trabajando. Una cena romántica en nuestro rincón para dos no podía terminar mejor que con la sonrisa de un desconocido y su mujer, orgullosos de ser papás muy pronto.
Y hoy, al borde del cierre del fin de semana, medievales por Valencia. En la plaza de toros ( no daba para más) han tratado de simular con la mejor intención una fiesta tan extendida por las Españas. No era como la de ayer, pero a mi me basta si tengo la suerte de pasear, como hacía tiempo que no hacemos, con Lena por las calles de Valencia, hoy mojadas por una lluvia que hiciera olvidar no sé qué trucos de un mago pobre cierto día soleado.