Saturday, January 31, 2009

En su despedida

Ayer fue la despedida de su mamá, y mientras lo hacía, descubrí en sus palabras que fue también la de tantos…

Recordar los momentos vividos por alguien que se olvidó de recordar hacía ya mucho tiempo. Momentos de infancia y juventud desde el cariño. Invitaba a los allí presentes a ver aquellas escenas vividas, felices sin duda, a través de sus palabras, de sus recuerdos. Sus palabras contagian alegría y tristeza por igual. No ocultan dolor, ni se refugian en la fe para apagarlo, sino para hacerlo más intenso.

A mi lado alguien se enjugaba los ojos por un pequeño que nació muriendo, y van dos… Porque no puede dejar de involucrarse. Es normal, y yo no sé qué decir cuando me lo cuenta.

Unas palabras que necesitaba escuchar. Transmitían paz, serenidad, cordura…

Y al terminar, un abrazo afectivo e intenso como regalo de alguien a quien admiro por lo que tiene, un corazón enorme, capaz de amar hasta el sacrificio y la entrega. Un abrazo que no merezco, y es por ello que lo agradezco aun más.

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Tuesday, January 27, 2009

La penúltima lección

Vuelvo a escribir de mis reflexiones. Este es el post de la necesidad…
 El título no lo he escogido al azar, no puedo pensar que no voy a aprender más, aun después del silencio.

Nunca digo no a los favores que me piden los amigos, pero esta vez (lo siento, Pablo) no puede ser…
¿Quien soy yo para hablar del amor a alguien que vive rodeado de licenciados en la materia? ¿Acaso alguien que ha dado su vida por amor, alguien que sigue aleccionándome aun cuando no está presente no puede dar mejor mensaje?
O tan tierna historia de amor como la que su abuelo le ha regalado… La marcha de quien ha sido su sosias por toda una vida, la esperanza de que siguiera a su lado, que apenas estuviera dormida… y la reflexión de todo ello cuando tengo tiempo… No Pablo… No puedo hablar yo de eso.

Tengo un motivo para escribir hoy especialmente, escribo despacio, tengo tiempo.

Sé de alguien que sufre (¡nos vamos pal norte!). Le hieren mis palabras, afiladas a veces. Otras, envueltas en un halo de misterio. Casi siempre cargadas de sinrazón… Soy así, lo siento. No tengo remedio.

Alguien apuntilla en los sentimientos. Miedo, ternura, nostalgia, reencuentro, despedida y silencio. ¿Quien te encontrará cuando juguemos al escondite de aquí a un tiempo?

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Tuesday, January 20, 2009

Sueños

Una vez tuve un sueño… Lo acaricié, lo cuidé y hasta lo abracé… Nunca le pedí que fuera eterno… Tal vez por eso nunca lo soñé.

Otra vez tuve una ilusión… La amamanté, le dí cobijo y hasta la deseé… Un día, sin previo aviso, se desvaneció y cayó en el olvido.

Hubo un tiempo en que tuve una burbuja. No tocaba suelo. Era frágil y hermosa, grande y redonda… Apenas la rocé y, sin dar muestras de debilidad, se rompió en mil pedazos…

Quise recuperarla, harto como estaba de pérdidas sin remedio. Desde entonces y hasta ahora, no he cesado en mi empeño.

Uno apareció en mi recuerdo.

Otro se clavó en mi corazón, y cada día, al bombear, me recuerda aun aquel tormento.

Lo del tercer pedazo fue un misterio… Lo busqué, pregunté por él… Nadie lo vio, nadie supo decirme donde marchó.

El cuarto trozo fue el que más dolió, tal vez por eso lo metiera en una botella y lo tirara al mar. No sé, ha pasado tanto tiempo que ya no me acuerdo.

Fue el quinto el que me encontró a mi. No lo busqué, lo juro, no me dio tiempo.

Del sexto nunca quise hablar, no me pregunten por qué.

Fue el séptimo del que mejor recuerdo conservo… No me hice con él, tal vez fuera un sueño… Quizá nunca le pedí que fuera eterno… Es por ello que a veces pienso que no existió, que sólo fue un sueño.

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Thursday, January 15, 2009

Mientras la ciudad duerme

Mi relación con la dama gaucheriana sigue siendo cordial. Un año más, suma y sigue, hemos firmado un pacto de no agresión por el cual sigo haciendo vida normal, no exento de limitaciones como la práctica de deportes de choque y yo a cambio me someto a las pruebas rutinarias anuales para que en días como el de hoy ampliemos el contrato por el plazo de un año.

De niño no sabía en qué consistía. Mis padres sufrían más por mi y creo que hubo momentos difíciles en que parecía que yo vivía para la dama, en lugar que vivir ella en mí. Conservo recuerdos que me cuesta olvidar, pero debo reconocerme un afortunado y es lo que se repite en mi cabeza cuando llego a la sala de espera del hospital.

Sé que algún día esta historia cambiará. Sé que no siempre he afrontado mi relación con mi enfermedad (si se puede llamar así) con una sonrisa, y confieso que hasta en momentos de bajón he olvidado qué músculos hay que mover para dibujar una sonrisa. Pero sé que para cuando eso ocurra, cuando la dama se haga presente, habrá un remedio que le mande callar.

Esta noche, mientras la ciudad descanse, Lena buscará su decimoséptima canica. No deja de sorprenderme al pensar que la vida, como la muerte, puede sorprenderte a cualquier hora. Porque no entiende de días ni de noches. Porque a veces la vida, te lanza un guiño firmando por testigo la luna.

Esta noche, además, una personita dormirá tal vez intranquila esperando noticias de Thierry, perdido en Atlántida a mil kilómetros de aquí. Si alguien sabe de él, se ruega información.

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Thursday, January 8, 2009

Resumiendo el 2008

Empezó el 2008 con los nervios distribuidos, casi por igual, entre un examen que hablaba del trabajo en equipo (somos un equipo de puta madre, cariño) y de un pacto de no agresión por un año con Gaucher, que en fechas como ésta, por cierto, llega a su fin y es preciso negociar… Mis examenes eran secundarios. No me quedaban nervios para ellos y tal vez por eso fueron bien.

El esfuerzo que hizo Lena le valió una plaza en Alicante. Todavía recuerdo cuando me dijo que llevaba un mes pensando cómo explicarme que este año no había plazas en Valencia y lo más cerca quedaba a dos horas de sus labios, corta distancia para ese premio. De regreso a casa una noche de verano, su sonrisa desde el balcón de su nueva habitación de Alicante me bastó como compañía en el viaje de regreso a casa con su recuerdo donde, una lágrima traicionera, se escapó y cayó por algún lugar hermoso cerca de Benidorm. Tal vez aquella gota salada quiso probar los besos con sal de unas playas que hacen junto a las montañas paisajes preciosos cualquier día al atardecer. Tal vez lo consiguiera…

Sólo dos días después una llamada apagaba de alguna forma aquel vacío. Un grito, dos piedras de lapislázuli sobre un fondo blanco que no me veían pese a regalarme su mirada hacía que Lena volviera para, juntos, de la mano, corriésemos a ver a Alejandro. Hoy, siete meses después, Alejandro está más guapo cada día, y no puedo sino olvidarme de los problemas cuando me regala su pícara sonrisa.

Fue un año de encrucijadas que poco a poco se van resolviendo. Sueños que se ven cumplidos, como si de una visión se tratara, no sin esfuerzo que bien merece mi respeto. Fue un año decisivo para poner un punto y aparte a la vida, de la hartura del qué dirán, de tomar decisiones no exentas de dudas que sólo el futuro puede dictar sentencia. Tiempos de confesiones, de compartir unas palabras compartiendo una pizza cualquier jueves con mi vieja amiga.

Agosto se llevó a la luchadora pero ha quedado su recuerdo en un carrusel que todavía atrae la atención de Alejandro cuando suena esa dulce melodía, como la voz de aquella persona que no puedo evitar tomar como ejemplo cuando, en fechas como esta, asumo mi futuro si llega el momento de rendirse a una decisión que viene desde Zaragoza y se clava en mi pecho.

Fue un año de compartir viajes, ilusiones, tiempo… A las ya acostumbradas salidas a Alustante, Sote o Denia, hubo un viaje relámpago a mi paraíso con intención de olvidarse, por unas horas, de una fecha que dictara sentencia. Hubo un viaje cansado y hermoso en Cofrentes, Cartagena o Londres. Hubo sonrisas, cansancio, largos paseos, besos.

Que la muerte de una planta es algo perfectamente serio lo aprendí cuando descubrí que era algo más que un ciprés. Era un proyecto del que Javi hacía gala cuando tenía oportunidad, y nos contaba cuan alto era ya, los cambios de macetas que le exigía por su tamaño, los años que llevaban juntos… Sólo puedo que ofrecerle mis manos para dejarlo descansar con las mejores vistas que ofrece un valle que transmite calma, como si alguna vez lo hubiera soñado, un calor de hogar entre montañas que nunca he vivido.

A escasos días de fin de año hubo un último latido antes del silencio. La casa sin Mozart sigue quedando vacía, al menos en momentos como éste en que me refugio del frío en mi cuarto, escuchando Sabina, con un incienso que enciendo ahora que no está Mozart… Aunque no todos pueden entender el vacío que deja un perro, hubo muestras de cariño de los míos, no sé si les dí las gracias.

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