Thursday, December 25, 2008

Vuelvo a escribir, curiosa paradoja, leyendo

Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Pero tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de comprenderlo todo, incluso los libros para niños.
Tengo una tercera excusa todavía: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Tiene, por consiguiente, una gran necesidad de ser consolada. Si no fueran suficientes todas esas razones, quiero entonces dedicar este libro al niño que fue hace tiempo esta persona mayor. Todas las personas mayores antes han sido niños. (Pero pocas de ellas lo recuerdan).
Corrijo, por consiguiente, mi dedicatoria:
A LEÓN WERTH
cuando era niño



¿De dónde soy? Soy de mi infancia

Con estas palabras empieza mi tercer libro de infancia. Aun no he empezado a leerlo, sin embargo, ya ocupa ése merecido puesto que pensé ningún libro ocuparía.

Recuerdo con cariño aquella tarde que, cogido de la mano de mi mamá por Segorbe, nos paramos a ver el escaparate de aquella tienda de cuyo nombre no logro acordarme, aunque cada vez que paseo por allí con Lena le cuento la historia. Una de tantas que arranco con la coletilla que ya adopto por mía “me estoy acordando ahora…”. Aquella tarde mi madre me compró mi primer libro, harto de leer libros de segunda mano estrenados por mi hermana, Kiwi.
Recuerdo que, al llegar a casa, le recité aquellas palabras no exentas de errores que mi madre, con paciencia, me corregía al tiempo que me pedía que leyera sin prisa… Y yo, cabezota, me enfadaba conmigo mismo… Hace mucho tiempo que perdí la cuenta de los enfados que llevo sumados en todos estos años.

No fue hasta cruzar la línea que marca la infancia con la adolescencia que leí Juan Salvador Gaviota. Lo leí por vez primera con los oídos. Mi hermana me lo leía en voz alta y yo dibujaba en mi imaginación aquella gaviota lazándose en picado, cogiendo velocidad, superándose a sí misma… Y eso es lo que me enseñó aquel relato. Aunque Lena piense que Juan Salvador Gaviota encierra en sus palabras algo más que el simple afán de superación.

Sin ninguna duda el libro que marcó mi infancia (y todavía hoy leo con especial cariño) es Platero y yo. Lo leí en mi infancia, sin embargo, desnudé aquellas palabras por vez primera en un tren que cruzaba un trozo de España mientras bailaba en el trayecto que separa la paz del ruido incivilizado. La calma del estrés. La familia y el vacío de la soledad. Tal vez porque en sus palabras me identifico en esa complicidad que Juan Ramón Jiménez guarda con su burrito. Como yo con mi perrito anciano y joven. Vivo ya sólo en mi recuerdo.

Posted by magras at 11:50:47 | Permalink | Comments (4)

Tuesday, December 9, 2008

Luto blanco

No más toses. Ya no más jadeos en busca de un poco de aire que respirar…
Adiós a esos latidos que bombeaban fuerte y a veces hasta a destiempo.
Ya duerme valiente, solo, en silencio.

Se acabaron los ladridos. Aquel trotecillo alegre que me hacía tanta gracia.
Terminaron las dudas, la suma de la cuenta de los días que pasabamos en silencio.
Ya vela noche al raso, ya sólo queda el recuerdo.

¿Donde te buscará Alejandro ahora? Ya nunca más volveré a escuchar “Mosal”…

Anoche, hace apenas unas horas, luchaba entre mis piernas por superar otro achuchón, el último por fin.
Mozart siempre fue el perro de todos… Cuando a mis amigos les preguntaban -¿tienes mascota? ellos contestaban -sí, se llama Mozart.

Nunca le gustó estar solo. Primera noche en silencio. Noche de lluvia, de barro y piedras, de llanto y silencio.

Ya no más paseos por Alustante. Ya no más siestas al sol. Ya no más mimos, no más paseos, no más bromas con que ganarme un beso de Lena con su cariño por pretexto.
Ya descansa bajo un árbol, bajo una gran piedra, bajo la lluvia que baña la tierra que le da descanso, en una caja.
Ya descansa el perrito anciano, el que todavía es joven en mi memoria, aquel que anoche acariciaba.
Ya descansa la bolita blanca, esa nube que correteaba por mi casa. Harta de presentar batalla. ¡Qué sola se queda la casa sin Mozart!

Posted by magras at 22:58:35 | Permalink | Comments (6)