Sunday, October 26, 2008

Recuperando el ánimo

Tengo a demasiada gente que me quiere demasiado, y eso es, muy a mi pesar, excesivo…

Hace 27 años, me contaba mi madre, unos lloros se convertían en sonrisa y alegría en casa… Han pasado tantas cosas desde entonces…

De mi primer recuerdo apenas había cumplido un año. Fueron los orígenes que a la postre se convirtieran en una enfermedad. Mi problema. Ése pretexto para llevarme en pañales y limitar mi infancia…

Pasé seis maravillosos cumpleaños en el que entonces fuera mi Segorbe, del que nunca quise marchar… El que jamás podré olvidar… Y con él se fueron mis recuerdos, mis primeros amigos, y mi iaio.

Para mi séptimo cumpleaños había un hueco en aquel sofá que nunca se pudo tapar. Recuerdo que miraba al lugar que un año antes ocupaba, el que le correspodería si no hubiera marchado apenas 12 días antes.
Aquellos años en el Puerto de Sagunto fueron especiales. Tan cerca de la familia, tan lejos de los mismos.

La primera impresión que me llevé de Valencia es que todo era demasiado grande. Al poner los pies en el suelo pensé en volver al Puerto, no quería vivir en una ciudad en que los pisos fueran tan altos, la gente tuviera tanta prisa y la vida pasara tan deprisa. Qué equivocado estaba, después de haber visto la vida en otros lugares no cambio la vida de Valencia por nada, con el permiso de mi Segorbe y Alustante.

A los catorce, un 5 de octubre me arrebató a mi tío Ángel, apenas medio año antes que se marchara mi abuela, y la alegría y la vida que desprendía marcharon con él en el día de mi cumpleaños…
Pero la vida concede alegrías y los años pasan y con ellos las heridas, que no se terminan de curar, pero cicatrizan. Y así pasé varios cumpleaños en familia, algo más reducida, y con la gente que me quería, que esa no sé yo a santo de qué, iba en aumento.

Me gustaba que por el otoño viniese mi iaia a casa, pasase unos días con nosotros y pudiese darle todos los besos que en el día a día no pude darle. Me gustaba pasar las noches en familia, cogerla de la mano, pedirle que me contara por enésima vez la historia de su vida, pasar tiempo juntos sin mirar el reloj y no preocuparse por el mañana.

Hace ya cinco años el destino quiso que a mi regreso a casa después de un día de cumpleaños divido entre familiares, amigos y obligaciones por aquel entonces en la parroquia, mi iaia no estuviera en casa. Unos dolores muy fuertes a la altura del abdomen… Una pancreatitis… Y con ella el principio del fin. Los médicos no apostaban por ella. Mi familia me aconsejaba que me preparaba para la despedida y yo, con 22 añazos cumplidos, me sentía pequeño e indefenso ante ése momento. Tras mucho rezar y pasar las horas contándole mi vida a cambio de que ella no renunciara a la suya, mi iaia fue recuperando el sentido y fue poco a poco hablando. Los médicos, que no se creían tal mejora, seguían hablando de la despedida y yo seguía confiando en ella. Siete meses después, tras haberse recuperado, aquella pancreatitis nos separaba caprichosamente un día antes de volver a verla.

Desde entonces mis cumpleaños no han cobrado más sentido que el de su recuerdo, aquella foto que le tomé sonriendo era la crónica de un despido anunciado. Desde entonces, Lena, mi familia, mis amigos, se han esforzado por hacerme ver que ése día no es triste, sino alegre… Y lo han hecho con el cariño que alguien como yo no merece.  

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Saturday, October 25, 2008

Lección aprendida

Las palabras nacieron con la intención de comunicarse… Hubo un tiempo en que las palabras significaban respeto, cariño, entendimiento… Pero surgió una necesidad de usar palabras que describieran situaciones más o menos agradables. Y tiempo después salieron de alguna mente perversa los insultos…

Las palabras cobran significado no sólo por las letras que las componen, sino por el contexto en el que se emplean. Las palabras, segmentos del discurso unificadas, pueden llegar a ser ofensivas aunque no nos demos cuenta.

Un anónimo conocido me dio hace poco una lección, y por partida doble. Me descubrí avergonzado por mis palabras, porque aunque no tuvieran intención le resultaron ofensivas. Porque se sinceró hasta el extremo y me enseñó que no se puede hablar a la ligera. Porque inmediatamente después de mis disculpas se involucró en mis problemas con la intención de ayudarme. Porque, a veces, te das cuenta que quedas muy lejos de ése tipo de persona que un día, siendo aun niño, quisiste llegar a ser.

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Wednesday, October 15, 2008

Una bonita historia de amor

La vida te regala sonrisas cuando menos te lo esperas…

A mi amigo la vida le hizo un regalo en forma de sonrisa hace ya algunos años. Tal día como hoy cierto año capicua, quería retirarse… Amenazaba con irse abatido por no sé qué historias que rondaban su cabeza…

Pero algunas veces la suerte va y se pone de su parte…
Y esa suerte le jura amor eterno…
Y tiene unos ojos grandes para verle mejor…
Y unos labios capaces de elevarlo al sexto cielo (de Doctor Moliner).
Y es que, algunas veces, la suerte tiene nombre y apellidos, y le lanza un guiño en forma de mujer…

Siguen cumpliendo años, suma y sigue, y ya van llegando al sexto. Y sin embargo la cuenta empieza de cero…

Ya nunca más Carlos y Carla. Se acabó sumar dos más a la agenda.

En su sexto cumpleaños, que viene a ser el primero, le pido un abrazo muy fuerte al novio. Un beso y, si se presta, un baile con la novia. Y mucha felicidad por el resto de su vida.

Porque Carla le colma de amores y le invita a soñar despierto… Porque, aunque domine las lenguas más internacionales, supo ganarnos a todos con el lenguaje del amor. Porque un paseo por un paraíso de ensueño allá en la Concha fue más que suficiente para saber que una noche cualquiera, tomar la decisión correcta de no marchar a casa en la puerta de una discoteca, puede desencadenar en una aventura apasionante…

Porque sí. Porque Carlos (Charli para los amigos) es un tipo raro de los que ya no quedan. De esos que encuentra al amor de su vida y no abandona a los amigos de su infancia. Porque Carlos tiene tan buen corazón que sólo puede merecerse lo mejor. Porque no rendirse ante el bajo estado de ánimo puede terminar en el comienzo de una historia, su historia, aun por escribir.

Ya me cayo, y con esto termina mi relato… Dejo pues todas las páginas en blanco… Dejo paso a esas cuatro manos, que con buena letra, quieran continuar su historia…

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Saturday, October 11, 2008

Nuevos artistas

No soy un entendido en arte ni mucho menos en artistas. Pero no hace mucho me llevé una grata sorpresa al descubrir el artista que escondía alguien del que ya sabía que era un tipo estupendo.

Me fastidia reconocer que juega conmigo. Imagino que todos los artistas lo hacen de un modo u otro. Pero cuando me confió el secreto que encierran los magos en sus trucos de magia… Cuando me contaba por qué esos dibujos, esos colores, esos tonos, esas líneas que no pasaban desapercibidas y sin embargo no les hacía apenas caso…

Entendí que un cuadro no está hecho para los entendidos en arte. Un cuadro, desde el momento en que se ha creado, tiene a su dueño esperándolo en alguna parte. A veces su dueño no pasa a recogerlo y el cuadro espera su momento en cualquier pared. Otras, el cuadro busca a su dueño. Simplemente te seduce.

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Monday, October 6, 2008

Aprendiendo

No ha mucho tiempo terminó agosto y con él marcharon, como cada año, las historias y las risas y las noches frías que pasan por Alustante. Han pasado escasas semanas y parece que irremediablemente ya no volveremos a vivir las mismas cosas. Aunque el año que viene tengamos la oportunidad , como cada verano, de dormir de día para vivir de noche…

Ha pasado Londres tan rápido como intenso. Compartir unos días con Lena. Disfrutar del arte olvidando, por unos minutos, que es un expolio a tantos países que tal vez no tengan más historia que una denuncia de lo que en otro tiempo fuera suyo y ahora está en Londres. Tocar el cielo en un avión que coqueteaba con las nubes y buscar por allá arriba sin éxito a mi iaio, a mi iaia, a mi tío Angel…

Ha empezado la monotonía (bendita monotonía) que me obligue a centrarme. Que me ayude a aprender de nuevo lo que es quedarse solo en Valencia. Tan lejos de los besos, de los mimos y los abrazos que me niego a darle cuando la tengo cerca y sin embargo daría cada vez que, al llegar la noche, descubro que otro día más nadie me dará un beso antes de acostarme. Que nadie vendrá a regalarme su sonrisa y me escuche quejarme aunque sólo sea por no callar, que al fin y al cabo es por lo que me quejo.

No ha mucho tiempo hacía calor por la tierra de Quijotes y Sanchos. Pero el otoño ha querido aparecer con fuerza antes de que el invierno amenace con aparecer para no marchar y de un día para otro Alustante ha ido quedándose vacío. Esperando que llegue puente para despertar de nuevo de un letargo que parece eterno. Y uno que siente morriña a su marcha procura escaparse aunque sólo sea para verlo dormido. Como viene siendo una tradición con los amigos, en julio nos vamos a descansar a la playa y en octubre a envolvernos en unas mantas que nos protejan del frío…

Me gusta formar parte de ése sueño en que se recoge Alustante cuando agosto pasa sin mirar atrás, sin reparar en la soledad en que vuelve a quedar la Virgen allá en las eras, velando a su Cristo un descanso eterno. Sin reparar que la iglesia hace de centinela allá en lo alto y envidio a esa gente que ya no aprecia el regalo de ver el manto de estrellas que se descrubre sobre su torre.

Pocos pueden entenderme cuando digo que en Alustante se te pueden congelar hasta los sueños, Y al despertar, el sol baña de luz todos los amarillos, todos los verdes. Esa vista que, aunque no es la más bonita es, como me dijo Lena, mi vista.

Posted by magras at 17:15:30 | Permalink | Comments (3)