Tuesday, August 26, 2008

Ultreia

                                                                            - Ultreia…
                                                                            - Et suseia…
                                                                                  Saludo y respuesta entre peregrinos

Han pasado algo más de cinco años desde que recorrí entre la soledad y el silencio que las tareas de monitor me permitieron el antiguo camino de la vía láctea, el de la perdonanza. El camino de Santiago.

Qué más dará si es Santiago o Priscilo quien allí reposa sus huesos. El contenido del camino no es sólo Santiago. Es lo que durante esos días se vive. Porque como alguien me dijo una vez,  el dolor es pasajero, pero la gloria es eterna…

Fue una experiencia increíble. Las etapas más duras eran a la vez las etapas más felices a recordar. La experiencia del sacrificio de los que andaban bien y eran capaces de romper su ritmo por no abandonar a los que renqueaban. Las amistades que de allí salieron, las que no terminaron en Santiago. El tiempo de reflexión y las horas muertas en las que escribía en mi guía palabras con que recordar aquellas andaduras.

León… Inicio con nervios de un camino que se me antojaba difícil por tantos días sin ver a los míos. Echando de menos los besos de Lena.

Villadangos del Páramo… Aquel día mi hermana me llamaba a escasos dos kilómetros del descanso para decirme que ya era oficial. Había aprobado su oposición, sería profesora de piano y empezaba de ese modo la cuenta atrás para buscar refugio donde vivir e iglesia para casarse. Mi iaia lloraba de alegría y yo no pude evitar dejar caer una lágrima al pensar que el esfuerzo que durante tantos años hicieron mis padres y mi hermana cobraba sentido. Que había valido la pena. De aquel día también recuerdo una llamada de ánimos de Pepe. Qué sonrisa arrancó de estos gruesos labios…

Astorga… Una carrera de unos cuantos kilómetros en busca de 13 balas perdidas que marcó mi camino. Arrastré una tendinitis que lejos de llevarme a venirme abajo me permitió compartir con los que peor marchaban los días que mejor iba, y conocer a gente de otros lugares cuando me quedaba el último las primeras etapas.

Ravanal del camino… qué encanto es capaz de encerrar un pueblo tan pequeño que, de no ser por los peregrinos, tal vez hubiera caído en el olvido. Sus piedras podrían contar tantas vidas diferentes…

Ponferrada… Había leído por el bueno de Germán cosas de los templarios, acerca de Ponferrada,  pero verlo fue más increíble que vleerlo, me dejó sin palabras su fortaleza.

Villafranca del Bierzo… Entré sin saberlo en la iglesia que me concediera la perdonanza si mis cansados huesos no llegaran a Santiago. Aquel día llamé a Lena para que me acompañara en los últimos kilómetros… No podía más. Andaba solo, bastante recuperado, y a un mundo de los que venían por detrás no podía seguir el ritmo de los que marcharon por delante. Lena y yo nos conocimos caminando por los pirineos y recuerdo que en su compañía cantaba a Sabina, a Silvio, a Pablo Milanés… Le cantaba desafinadamente y sin embargo ella me decía que siguiera… Aquel día en Villafranca del Bierzo intenté cantar y no pudo salir nada de mis labios más que un suspiro en señal de resignación, de necesidad de tenerla a mi lado.

O Cebreiro… La etapa más bonita que recuerdo. Lena me aconsejó que la hiciera. Alfredo decía que el que no ha subido a Cebreiro no puede decir que ha hecho el camino. Recuerdo que me tomé el voltaren con consejo médico antes de subir y disfruté muchísimo del contraste que se observa al abandonar la castilla que me recuerda a mi desgastado pueblo y la bienvenida que le ofrece al viajero la Galicia verde, húmeda y romántica de las meigas. Sus pallozas, su iglesia con otro de los muchos santos cálices… Impresionante.

Triacastela… Una etapa de un caminante desconocido que me ayudó con el tirón que sentí en el abductor y un nombre propio: Auxi estaba esperándome en la subida al alto do pollo y fue en su compañía con quien terminé la etapa. Aquella conversación de la vida y el silencio, de su vida y la mía marcó una amistad que siguió más allá de las fronteras gallegas. Recuerdo una oración que compartimos en la tranquilidad que da el reposo.

Sarria me recuerda a Javi. Allí disfrutamos como enanos de los futbolines, del sonido relajante que el paso del agua por su río puede producir. De unos patos indiferentes a nuestras miradas… Día de relajación sin ninguna duda.

Portomarín fue una lección de convicción, de superación. Aquel día me quedé con 3 chavales que se quedaron descolgados. Uno andaba muy tocado de la rodilla y los otros dos se negaron a abandonarlo. Recuerdo que llegamos agotados y hasta un poco quemados por el sol, pero valió la pena compartir aquellos pasos casi interminables. Con su iglesia trasladada piedra a piedra a la otra parte del río… Qué freco corría en su interior…

De palas de Rei me marcó su iglesia, su cementerio tan tétrico que habría podido inspirar al mismísimo Becquer algunos versos…

Arzúa, la etapa reina por exelencia en mi camino. Los 3 almuerzos en la compañía de los Nachos y de Auxi, aquejada de un mal de rodilla. Las bajadas de espaldas, las risas y el retraso… Recuerdo que comimos cuando el resto merendaba. Recuerdo una ducha con agua caliente y unas flores por no se qué agradecimientos… Recuerdo que allí empezó la despedida.

Monte do Gozo y allí se avista Santiago. A escasos kilómetros, aquella noche fue de Nacho. Aquella noche fue un regalo.

Y por fín Santiago!! Aquel día fue especial… Como espero sea especial para Patricia. Fuente de inspiración de tantos recuerdos en este día.

¡Disfruta del viaje! Y sigue adelante…

Ultreia, suseia, Santiago. Adelante, más arriba está Santiago.

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Cuatro años no son nada

“Cuando la muerte calle mi voz
mi corazón te seguirá hablando”

        Me llamó la atención en una lápida, cuanto menos curiosa.

Y como pasa el tiempo, que de pronto son años… Aun no me creo que te hayas ido. Todavía guardo la esperanza de verte sonreír cuando, en un descuido, me dejo caer por mi ansiado Alustante. Como si nada hubiera cambiado… Como si cuando apareciera por casa pudiera darte muchos besos seguidos… Como si de una apuesta a demostrarse el cariño se tratara…

Desde tu marcha abandoné la habitación que un día adopté por mía. Nunca pensé que ese sería el lugar de nuestra despedida. Quizá anticipada… Te marchaste sin mi adiós… ¿Te llegó mi beso en la mejilla?

Cuando te fuiste me arroparon los que me querían. Me sentí vacío. Sentía la eternidad del tiempo pasar a cada segundo…

Con tu marcha se fueron los besos, pero perdurarán los recuerdos. Aun se me hace extraño ir a verte a un cementerio que crece irremediablemente.

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Wednesday, August 13, 2008

Agosto en soledad

Empezé agosto echando de menos a Alejandro, que se fue al lugar donde se fabrica el frío y las estrellas revolotean el cielo simulando los lloros de un tal San Lorenzo… Con él viajaron mi hermana y mi madre, y con ellas se fueron también largas conversaciones convertidas ahora en silencio de mañanas solitarias en una casa algo vacía sin su compañía. De las tardes no pienso igual. Ya nos encargamos mi padre y yo de sacar a flote la casa y de darnos algún homenaje como el que hoy nos hemos dado en Os Galegos. Y conversamos, pero eso es algo que guardo para mi…

Agosto lloró antes del 12 la pérdida de la luchadora. Sólo entonces dí por perdida la esperanza de un milagro que no se repitió por más tiempo. Su marcha fue ejemplar. Como una vez me dijo querer para sí  mi buen amigo Germán, la luchadora tuvo su despedida con cantos de alegría. Porque no quería más lloros. Porque nunca aceptó los lamentos. Porque, decía, ya habían sufrido bastante los suyos… Abrazar a su marido, un amigo de la familia desde mi infancia segorbina. El primero que me recibió con lágrimas en los ojos en el tanatorio cuando la despedida de mi tío Angel, fue más una necesidad mía por transmitirle mi cariño y mi apoyo que por consolarlo. Y sus hijos… ¿De qué sirve un abrazo en esos momentos?

Allí me dí cuenta de lo injusto de la vida… Pensaba en Lena. Pensaba que si a mi me sucediera sólo querría buscar el consuelo en sus brazos, como imagino querría hacer el marido de la luchadora… Qué duro no tener recompensa tan sencilla como un beso y un abrazo, arrebatados por la vida y la muerte, porque van unidas, aunque no aceptemos que no existe la una sin la otra…

Tres días depués, apenas encajada su marcha, mi madre volvía a bajar y yo me retrasaba mi marcha al pueblo. La hermana menor de mi iaia encontraba por fin descanso eterno. Una muerte anunciada, casi deseada. Acaso guardaba silencio hacía ya varios años en cama, arrastrando una larga enfermedad…

Y por fin el pueblo. Por fin Alejandro, por fin, un año más, Mozart campa a sus anchas por el corral y entra y sale de casa sin pedir permiso. Yo que creía que no volvería a ver aquellas tierras… Me cuentan que uno de sus cachorros fue atropellado por un coche… El otro, aun cuando lo veo, me recuerda a mi viejo perro, con la cadencia con la que correteaba no ha mucho tiempo aquellas callejas, en otro tiempo silenciosas, casi dormidas…

El molino dota a Alustante de un aspecto más rural, más manchego, más antiguo si se presta. No recordaba que Alustante recuerda a veces al olvidado imperio español de Felipe II, al que dicen, no se le ponía el sol. Y es que a la salida de hontanar es de día, y el sol y un rítmico cantar de los pájaros acompañan a mi soledad en la vuelta a casa, tras cruzarme el pueblo y echar un trago en alguna fuente.

Pero este fin de semana era especial. El lunes era para Lena… ¡que a sus 23 añitos ya cuenta con dos canicas que recuerden que son ya dos los niños que ha traído a este mundo! Qué bonito recuerdo tan pronto olvidado… Ellos no lo sabrán nunca, pero tuvieron la suerte de ver su sonrisa al abrir los ojos por vez primera… ¿Acaso pueden pedir más? Así que de Alustante a Alicante hay algo más que 400Km y una cama en Valencia donde pernoctar… Pero vale la pena pasar del frío a las frías aguas de la playa de San Juan, que por cierto nada tiene que envidiar a las mejores playas de España, si a cambio de un beso, me regala su sonrisa mientras un pez algo desorientado y juguetón me perseguía en busca de no sé qué por tan cristalinas aguas.

No sé cuando volveré a Alustante… Pero sé que ha valido la pena el tiempo que he pasado junto a mi padre. Cuando vuelva al pueblo para regresar de nuevo me queda pendiente una visita a la Sigüenza del doncel, la de la Solateras. No sé si la veré… Supongo que, de hacerlo, no la reconoceré, pero por si las moscas, apunto día. El lunes que viene, tal vez, me lo tome libre, disfrute de mis padres como cuando era niño, y además de pasar algo de frío, haga una visita que se me antoja un capricho.

Posted by magras at 18:54:43 | Permalink | Comments (2)

Saturday, August 2, 2008

Tras el silencio

Este post habla del buen hacer de un año. De la enhorabuena más sentida, del saber que el esfuerzo lleva su recompensa. De la luz al final, allá en la puerta…

Este post se entona con un acento casi andaluz, tal vez murciano. Le podría poner la voz mi amigo Juando. ¿Le podré estrechar entre mis brazos este verano? Trata de la historia y la naturaleza, el amor y el engaño…

Este post reúne a personas que llevaba tiempo sin ver. Habla de conversaciones que no ocultan decepción, del dolor de la vida cuando ésta está ausente, de unas botellas de vino que se vacían y unas cervezas que se sirven frías. Habla de un amigo que para mi, que he viajado lo mío, se aproxima a un amigo de infancia. Habla de gastronomía, de arroces, de pescados, de tapas… Habla de las encrucijadas que nos marcan la vida. Elecciones que nos llevan a parar a cualquier lugar recóndito de la ciudad eterna, donde cualquier domingo a la hora del aperitivo hay una misa con guitarras. Un cambio de ver los castigos, un premio que se ofrece y una negación porque un pequeño pueblo y su playa no sufran más de lo mismo…

Este post habla de una mujer que viste de blanco. Del calor y de cuantas formas somos capaces de inventar con tal de paliarlo… Lleva hielos bañados en whisky, lleva bailes, lleva besos… Tiene hasta imágenes que inmortalizan esos momentos…

Este post habla de mi soias, ¡Ah de su éxito!. De la tranquilidad que me da saber que vive bien sin mi compañía, que tengo un hogar donde descansar mis huesos cuando, por descuido, tuerza el rumbo que lleva al paraíso de mi pueblo y me dirija al sur, al paraíso de unos besos bajo la lumbre de un farol que ya quisiera yo estrenar en una noche despejada, o con un manto de nubes que no me dejen ver las estrellas. Porque para gozar de las estrellas siempre estará la pequeña montaña sobre la que se yergue el chalet que Dios se hizo en Alustante poco después de crear el mundo, o al menos eso rezaba un antiguo nick de un desaprensivo Magras… El caso es que nadie queda indiferente cuando mira a través de las piedras de la torre de la vieja y coqueta iglesia ése pedazo de cielo, que de no ser por las luces que le dan vida sería oscuro y negro…

Este post lleva grabado el nombre de Alejandro.

Este post trata, en fin, de explicar con palabras, casi un mes de silencio, de vacaciones, de sentimientos.

Posted by magras at 12:35:27 | Permalink | Comments (4)