Un cuaderno de bitácora
Fue algo acordado, a su perdida, puntual, estrictamente puntual, bajaría. Hablaríamos brevemente y de sus palabras entendí que iba a recibir algo. Así se cumplió, a la hora exacta previamente acordada, me calcé y bajé a tomar un poco el aire. Anduvimos hasta un bar cercano a mi casa y allí me regaló dos cosas muy especiales…
He buscado esa botella por todos los centros comerciales y tiendas de vinos que conozco, pero nunca he visto esa botella de vino que espero poder tomar bien fría en su compañía…
El otro regalo, ah el otro, ése sí que es difícil de encontrar, porque pasa por encontrarse a uno mismo. Porque pasa por superar el miedo de enfrentarse a la hoja en blanco que te reta a ser valiente, a reflexionar acerca de uno mismo y a plasmar lo que pasa por tu cabeza y lo que es más doloroso, por tu corazón…
De presentación impecable, como decía la persona que me conoce muy bien, parecía hecho para mi, al menos para alguien con gustos similares a los míos. Un tanto extraños, antiguos a veces, algo barroco otras, pero gustos al fin y al cabo. Estaba ya iniciado. Afortunadamente se atrevió a romper la pulcritud del folio vacío y redactó palabras que se han convertido en esa especie de jaculatoria que leer cada vez que te sientes solo, que tienes ganas de emocionarte con buenas palabras que dictan mentiras (que me perdone su autor, pero no creo que merezca tan buenas palabras) más o menos ripiosas…
Y tras leerlo un par de veces, volví a leerlo una vez más, porque un par de lágrimas traicioneras que asomaron a mis ojos no me dejaban leer el final. Después, silencio. Un suspiro y un suspiro más, aun más fuerte, tratando de serenar el pulso. Busqué entonces mi bolígrafo de las ocasiones especiales, muy sencillo y austero, como mi gusto, réplica exacta de un bolígrafo que tuve cuando tenía ocho años y al que le cogí mucho cariño, sólo que por aquel entonces no veía nada especial en esas cosas que te recuerdan a alguien porque te lo regaló con una sonrisa en los labios. Y entonces, con miedo a romper la perfección de azul que trazaba palabras perfectamente redondas, perfectamente legibles, escribí, con paso calmo y sereno, al menos lo que el pulso me permitía, unas breves palabras en recuerdo de la fecha en que me regalaron las palabras, eso que tanto me gusta… Y nada más.
Escribir en el blog es fácil, a veces te planteas si debes desnudarte hasta tal punto, porque a veces pones en juego tu propia intimidad. Escribir en un blog es fácil, aunque cueste evitar cruzar la línea de lo privado y la línea de lo que quieres compartir sin esperar reproche a cambio. Pero escribir en una bitácora tan personal… Eso cuesta más. Exige descubrirse a uno mismo aquello que quieres ocultarte para evitar reproches propios. Exige ser sincero, muy sincero. Es un regalo muy especial, me lo regaló alguien especial.