Así me siento yo de un tiempo a esta parte… Sí, creo que esa es la palabra que define mi estado de ánimo, mi día a día. Y sin embargo, me acepto.
Hace ya una semana que cené con mi viejo amigo Germán… ¿Que cómo nos conocimos? Pues nos unió algo que al mismo tiempo nos separó. Nos hizo tomar caminos distintos y hasta tener visiones distintas de los puntos de vista que nos gusta tratar. Nos convirtió en buenos amigos. En enemigos íntimos. En consejeros sin futuro… Nos llevó a hablar de tantos temas que sólo puedo darle gracias a Dios que nos juntara en el camino. Porque nunca más, pese al tiempo o la distancia, nos podremos obviar…
Hace ya una semana que se despidió de mi tras una larga cena acompañada de un largo paseo a esas horas en que la ciudad descansa y las calles vacías guardan silencio… Como tantas veces acostumbramos, hablamos de la vida, de la fe (que para eso es el tema que más domina), de la amistad… Debatimos como dos oradores “metiéndonos caña” como diría Auxi y, aunque yo golpeé primero con unas palabras que guardo como un tesoro a la vuelta de cierto viaje a Lourdes… Él me dio el golpe de gracia con seis palabras lapidarias que me llegaron al corazón y hasta a la razón…
¿Que como nos conocimos? Me acerqué a él en busca de consejo por un tema que me superaba sin hallar solución… Yo, Magras, el hasta entonces hombre de hierro incapaz de derramar una lágrima o de regalar una sonrisa, pedía consejo a un desconocido porque no tenía otra salida… Recuerdo que al final no le hice caso. Raramente nos hacemos caso…
Durante una larga semana he ido dándole vueltas a sus palabras… Me he pasado toda la semana dándole la vara a Lena cuando en silencio le decía todo con la mirada. Cuando con palabras le hablaba. Cuando con gestos me expresaba…
Con el pretexto de una cena ya casi olvidada en algún lugar de mi agenda hace ya muchas hojas hablaba del pasado con Patricia ayer noche en Juanillo, uno de mis rincones favoritos, llegando hasta el fondo de un lancer bien frío que acostumbramos a pedir para que acompañe la cena y fue ya en la cerveza que tomamos en mitad de lo que bien intentaba parecerse a un akelarre celta mojado con cerveza de abadía cuando dí con esta palabra…
Esta es la palabra que define mi actitud de un tiempo a esta parte. No me lo puedo negar… No puedo negarme que si de un tiempo a esta parte estoy más tiempo en casa, digo que no a los planes después de haber dicho que sí o símplemente estoy desconectado del mundo es porque mi momento me lo exige.
Tal vez la falta de Lena ya la esté sintiendo…
Tal vez la presión de los exámenes ya ocupe gran parte de mi cabeza…
Tal vez Germán tenga razón cuando me dice que un lugar, una persona, no puede, no debe, ser excusa para justificar mi ausencia de todo…
Es por eso que me he vuelto egoísta. Egoísta de Lena. De romper de vez en cuando con la rutina. De apartarme del mundo y dejarle rodar sin miedo a perderme algo porque sé que cuando vuelva todo estará en su lugar… Los que me quieren no dejarán que me pierda nada.
PD a mi buen amigo Germán: Por una vez, y sin que sirva de precedente, seguí tu consejo… Al día siguiente me puse las pilas. Reflexioné sobre tus palabras y hasta me dí cuenta de que tenías mucha razón… Estoy en el camino de retorno. Lena me ayuda. Tus palabras me ayudan…