Me confieso un enamorado de Valencia. Me gusta perderme por su casco antiguo, recorrer el barrio del carmen cualquier tarde entre semana, cuando, a eso de las ocho y media, cierro los libros, apago mi ordenador y me doy un capricho estirando las piernas.
Y entre calle y calle pasa la tarde. El cielo se oscurece y parece que a la vuelta de la esquina retroceda una década en el tiempo…
A esas horas, mientras el resto de comercios duermen, la ciudad antigua sigue despierta, velando la belleza a la que se refieren los libros que otrora tuvo. La que aún hoy conserva.
Con sus pequeños comercios…
Con sus variopintas gentes que la recorren…
Con sus libros que descansan en el asilo del libro, centro de saber de tantas historias, rimas, leyendas y otras cosas que podrían contarnos…
Pero Valencia esconde muchos más secretos… Acaso el viejo cauce del río. Tan verde. Tan lleno de gente. Con su fuente frente al palau que acompasa el ritmo de la música elevándo sus chorros de agua hasta el cielo. Me gusta mirar las copas de los árboles desde cualquiera de sus puentes, cual niños en una desordenada fila, tan verdes, tan llenas de vida.
O esos tres árboles centenarios de l’ Albereda que dan rienda suelta a la imaginación de chavales y motivos de recuerdo a los viejos que los observan con una sonrisa en los labios, tal vez recordando una infancia ya pasada… ¿No es sorprendente pensar que, como piensa Lena, sus raíces en la sombra llevan lo necesario para que sigan brillando a cada hoja, por lejos que quede?
Por no hablar de otros lugares igualmente impresionantes, ahí estan el parque de cabecera, los viveros, los museos…
…Ayer fue un paseo diferente… No fue andando. Fue en coche… Fue en el coche… Por fin dimos esa vuelta en el austin mini after eight de Charli. Recien salido de una sesión de rejuvenecimiento, con cinco o seis chapas nuevas, más brillante que nunca…
Anduvimos por el centro. Fuimos a ver el puerto, futura sede de la fórmula 1 y de la America´s Cup. Vimos el hotel donde en breve celebraremos entre whiskies y abrazos el enlace entre dos personas que cuando se vieron sabían que iban a ser el uno para el otro… Conversamos… Cualquier lugar es bueno para gozar de una conversación…
Me despido con ruido… Con ruido y pólvora… En unas horas dará comienzo la primera mascletà que anuncie las próximas fallas.