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Hacía ya tanto tiempo que no la veía retar al sueño en el sofá de casa que mientras cenaba sólo hacía que mirarla, taciturno, guardando para mí los sentimientos entremezclados con los recuerdos…
Sólo por una noche. Pero hoy mi hermana estaba con fiebre, embarazada y sin un marido que la cuidara por viaje de trabajo. Sólo por una noche… He vuelto a recordar aquella noche de abril que entré en su habitación para comprobar si los nervios la iban a dejar dormir o si, por el contrario, podríamos disfrutar de una noche más velando a las estrellas… Una última noche…
Aquel día quería contarle… Quería superar esa vergüenza capaz de enmudecer en los momentos en los que romper el silencio queda reservado a personas que dominan la palabra y tienen temperamento para ello. Me rondaban la cabeza palabras a modo de ditirambo que hicieran las veces de despedida en la víspera de mi primera noche en solitario. ¿Con quien iba a compartir horas de plática carentes de sentido unas veces, tan llenas sentido otras?…
Fatuas palabras que quedaron en el olvido cuando la ví dormir plácidamente en su última noche en casa.
Pero hoy he vuelto a gozar de su compañía. Ya no es como antes, pero se me escapa una sonrisa al pensar que, mientras escribo, ella dormita en la habitación de al lado.