Arrivederla
Él es un tipo peculiar. No es como el resto de su profesión. Tiene sus virtudes y presume también de sus defectos. Es humano, y esa condición nunca la ha olvidado…
Decidió dar su vida a la Iglesia, y aunque a veces lo haya puesto en duda, Dios le ha regalado una vida llena de amigos. Nunca supo qué regalo le esperaba en la ciudad que lo acogió. La que ahora, afortunado de él, estará disfrutando junto a Giammarco, a Fulvio y a todos esas personas que, amigo mediante, se convirtieron también en nuestros amigos.
Porque Germán no es como el resto de sacerdotes… Porque fue primero el sacerdote, para nunca más volver a serlo sin antes ser mi amigo… Porque tal vez nunca haga caso a mis consejos, ni entienda mis sentimientos hacia mi perro hasta que tuvo el suyo propio… Porque congeniamos tanto como discutimos, y porque “la caña” que nos metemos el uno al otro se extiende a Lena, Pepe, Auxi, Javi y Pablo…
Roma se le impuso como un castigo… Roma le devolvió un sentido a su vida… Le reforzó como Sacerdote, le formó como persona, y aprendió muchas cosas de la amistad… Por eso es tan romano como español. Es por eso que fue un gran guía, capaz de inapreciar ya lo que las piedras del Colisseo o el palattino puedan contar. Capaz de no quedarse boquiabierto al ver un imponente Moisés en una iglesia que tal vez no merezca tan gran obra… Por eso quizá, su rincón favorito de Roma no sea otro que un claustro pequeñito, silencioso y acogedor, tan contrapuesto a la grandeza de la que esa ciudad hace gala, tan diferente al resto…
Así es Germán. Mi sacerdote, mi amigo. Puedo imaginar la sonrisa que durante doce largos días lucirá en su rostro… No nos echará de menos, ni siquiera a su perrita Tina… Ha ido a encontrarse de nuevo con su otra familia, con su pasado. Buen viaje amigo!!