Hoy he abierto los ojos…
Lo he tenido tantas veces delante que ya no sé si lo miraba o lo que veía a través de mis ojos era el recuerdo del pasado.
Lo llevo en mi corazón, en mi memoria, en mi día a día. Lo admiro, es cierto, aunque conozco sus defectos.
Hoy he visto que mi padre ya no es ese superhombre que creía de pequeño, el hombre más fuerte del mundo. El más listo de los papás de mis amigos. Capaz de calmarme con sus grandes manos cuando me cogían y me ponían en sus piernas.
Hoy me he dado cuenta que aquel hombre que siempre he admirado, mi padre, mi chófer, mi guía, mi ejemplo, si así lo desean, es humano, como el resto.
Aquel que me llevaba a las visitas médicas. Que aguardaba a mi lado dando largos paseos y me hablaba en el más absoluto de los silencios, sólo rotos con el golpeo de sus zapatos con el suelo. El que bailaba unas monedas con el fin de distraerme.
Aquel que me llevaba a jugar, que me sigue pidiendo en sus palabras que vaya a verlo jugar a futbol. El que me aguantaba cuando las cosas no me salían bien, y hasta con el que me pegaba cada noche antes de acostarme como si de un combate de lucha libre se tratara…
Aquel que se derrumbó al pronunciar la muerte de su hermano que tanto vacío hizo en mis oídos. Que lloró como el que más en la despedida de mis seres queridos.
Ése que llamo papá, al que para su mujer y sus hijos nunca le ha dolido nada, ya no es el que muestran los retratos que posa a mi lado.
Ha hecho falta verlo en una foto reciente para darme cuenta que su juventud ya ha pasado. Que su cabello se ha tornado de otro color, que el invierno ha llegado a su cabeza, cada día menos poblada.
Y ahora que lo observo me doy cuenta de su proceso… De como le ha ido pasando.
Él es feliz. Prueba de ello es su sonrisa. Mis padres siguen queriéndose como el primer día. Hay quien me dice lo afortunado que soy de poder verlos todavía besarse con la misma pasión que en sus comienzos.
Él es feliz. Prueba de ello es su mirada. Aunque de pocas palabras, lo expresa todo con su mirada. Y hoy yo también soy feliz, de saber que luce sus canas, tan blancas ya, con la certeza de que han sido fruto de una vida que, aunque marcada a veces por duros golpes, le ha sido bendecida con la felicidad de su familia.