Lo bonito de los cumpleaños es la ilusión de alguien por celebrar el de otro…
y hemos hecho el mejor fin de semana… Ha ido marcado por el cumpleaños de Lena, que ha cumplido los dos patitos, pero han intervenido tantas personas…
Se podría decir que empezó cuando preparamos el lecho para la rosa de jericó que le regalé a Lena hace algunas semanas… pero queríamos hacerlo tan perfecto, compartiendo sonrisas, cariño, consejos… que no fue cosa de un solo día… Primero escogimos la arena. Después, anduvimos buscando conchas que contrastaran sus colores, que estuvieran enteras, que fueran demasiado grandes, o demasiado pequeñas, sin olvidarnos de las que no son demasiado grandes, ni demasiado pequeñas, pero que fueran bonitas… Lo hicimos casi como un ejercicio. Las buscabamos, y cuando creíamos haber dado con ellas, las escogíamos, las limpiabamos en las olas del mar, y nos las enseñabamos como esperando obtener el visto bueno que debía venir acompañado de una sonrisa…
Días más tarde buscamos la vasija donde alojarla… Lena tuvo una idea genial, y le compramos una pecera para alojarla en los días secos… Fue muy relajante llenarla de arena, colocar las conchas con sumo sigilo, por miedo a romper la magia del momento. Y, finalmente, dejar descansar a la rosa, aun sin nombre, en su nueva alcoba.
El cumpleaños fue el domingo, pero empezamos a celebrarlo el viernes por la noche, cenando con los pocos amigos que quedan en Valencia a mediados de agosto en la terraza de casa de Lena, de la que creo que alguna vez os he hablado. Observando a un lado el miguelete y la catedral, Santa Catalina y capitanía. Del otro el palau de la música, la ciudad de las artes y las ciencias… Recorriendo cada tramo mencionado por el verde que acompaña a toda la ciudad en su viejo cauce del río, tan lleno de gente por las tardes, que buscan tranquilidad en sus paseos.
Despertar de un sueño sonriendo. Eso es lo que ocurrió el sábado… Pero Lena tenía clase de oposición y yo, creía ella, me iba a quedar en casa estudiando… Nada más lejos de la realidad, me fui con mi bro a buscar su regalo. Cómo si eso fuera fácil. Lena no quiere que nos gastemos dinero en sus regalos. Es más, valora mucho más si se lo has hecho con tus propias manos… Pero yo, tan patoso unas veces, tan bruto otras, sólo dispongo de un ordenador y un bolígrafo para hacer algo con mis manos… Y como no soy bueno con el don de la palabra, mis escritos van más llenos de cariño que de riqueza literaria… Y lo del ordenador no es del todo artesano…
Compramos al final la vasija que abra, como por arte de magia, su rosa de jericó, y una bandeja preciosa donde dejarla. No sin antes recorrernos todas las tiendas que el centro comercial y El corte inglés ofrecían.
Yo no pude esperar más, y le dí mis regalos, mi escrito y mi “manualidad artesanal” hecha con el ordenador el mismo sábado… Y celebramos su cumpleaños en el Puerto de Sagunto, vimos embolar los toros junto a mi abuelo. Y paseamos, ya a solas, por el barrio obrero. Observando las pinturas que en las calzadas iban naciendo a la luz de una luna que no quería asomar por el firmamento.
El domingo fue el día de Lena, pero también el de su familia y amigos. El móvil no tuvo descanso, sus padres la recibieron al llegar a casa con una sonrisa y mil besos que guardaban desde que por una boda no pudieron estar con ella la noche del sábado. Su hermana, que le preparó el tradicional desayuno, costumbre familiar en esas fechas. Y los amigos… Me quedo con los abrazos que recibió de Filo, me encantaba verlas juntas.
Hubo un último regalo para mi. Al llegar a casa volví a ver a mis padres, que habían regresado ya de sus vacaciones por las playas de Alicante, y ahora toca preprarar las maletas para marchar a Alustante.
