Recuerdos de una infancia muy feliz
Me resulta asombroso el funcionamiento de la mente humana… Cada momento que hemos vivido como un tiempo presente se torna rápidamente en pasado, sólo un segundo después… Un pasado lejano, o tal vez cercano… Un pasado capaz de hacerlo presente. Basta con cerrar los ojos y soñar, recordar o imaginar…
Difícilmente podemos recordar qué sonido acompañaba ése momento que recordamos. O qué aroma nos invadía en esos momentos de felicidad, tristeza o indiferencia. Pero si algo he aprendido es a vivir cada momento como un momento único, para que, cuando en el futuro eche la vista atrás, mi memoria me sorprenda una vez más, y descubra en un rincón de mi cabeza aquel pasaje de mi vida, por un tiempo tal vez olvidado…
¿Que a qué viene todo esto? Pues porque el martes pasado salí pitando de clase porque me llamaron diciendo que iban a operar a Pau (ese pitufo rubio con dos ojazos azules que me llama Atulín) de un pequeño boquete que se hizo en la boca unos días antes en la guardería y que los médicos en un primer momento decidieron “pegar” sin coser… Cuando fui a verlo por la tarde, después de estar más ausente que presente en el interrogatorio al que me sometían mis alumnos tratando de descubrir los secretos que ofrece el paquete OpenOffice.Org vinieron a mi memoria una serie de recuerdos que creía olvidados…
Recordé de pronto que yo también fui niño, y que muy a mi pesar y al de mis padres, tuve que pasar un tiempo en observación en el hospital para descubrirme lo que a la postre se tradujo en la dama gaucheriana. Tal vez sea el primer recuerdo de mi vida que tenga almacenado en mi memoria… Tal vez sólo sea fruto de mi imaginación… Pero no lo creo. Recuerdo el día que le dije a mi madre que recordaba una habitación con un sofá y una mesa. Mi madre sentada hablando con otra señora, y mi padre tratando de distraerme haciendo bailar una peseta sobre una mesa a la que mi vista no daba alcance sino aupándome sobre el tacatá… Recuerdo también una cuna de hospital, compartiendo estancia con otro bebé al lado (que resultó ser una bebé) y mis padres detrás de un cristal marchándose… Cuando mi madre recordó aquel momento (le llevó sus segundos…) le costó entender que lo recordara con tanta claridad…
Seguí recordando, y mi memoria me arrastró a la edad de cuatro años, cuando me operaron de una hernia… Recuerdo que mi padre me la descubrió una tarde de fin de semana, tras regresar a Segorbe de ver a los iaios… Salía desnudo recién bañado del baño y mi padre que estaba viendo los toros al verme dijo mi nombre… Me acerqué a él asustado, tratando de poner en orden las excusas que pudieran serme útiles por si había cometido alguna travesura… Mi experinecia en el hospital fue muy bonita… Guardo buenos recuerdos de aquellos días, caminando desnudo de piernas por aquel lugar lleno de niños que esperaban su turno para operar, cada uno de una cosa, pero todos igual de felices, ajenos a las preocupaciones de nuestros mayores. Recuerdo la despedida, el globo firmado por todos, la fiesta sorpresa que me hicieron los amigos que allí hice, los que nunca volví a ver…
Y entre tanto recuerdo, recuerdo al doctor Galmés, en aquella consulta que tanto respeto me daba, y la careta de Marx, en la que refugiaba mi mirada aguardando a que acabara la consulta… Rercuerdo también a la doctora Casanova (Dios la tenga en su gloria)… Las horas interminables esperando su consulta y, cuando esta llegaba, el apoyo de mi cabeza en el regazo de mi madre, ése baremo que me avisaba de cuando aquellas noticias que no entendía eran malas, porque notaba su corazón palpitar más fuerte…
Ha sido una infancia muy feliz, tan llena de recuerdos…
Está genial eso de acordarte de tantas cosas……yo me tengo que poner a pensar mucho, mucho para recordar algo….pero si me pongo lo consigo…..
Me ha llamado muchísimo la atención que casi todos los recuerdos que tienes (al menos los que has escrito aquí) sean de hospitales…..
Seguiremos recordando…..
Un besito!!!
Hola Yeye!! Soy una caja de recuerdos. La verdad es que me gusta recordar cosas vividas, hacer presentes tan buenos momentos… y, a veces, otros no tan buenos…
Sólo he escrito de los recuerdos que tengo del hospital porque es lo que me vino a la memoria cuando entré en el hospital a ver a mi sobrino. Y es que aunque todos los hospitales sean iguales, y a medida que nos hacemos mayores el hospital se va convirtiendo en sinónimo de mala señal, cuando eres niño no te das cuenta de eso, y hasta el hospital que tan poco gusta por norma general es un lugar donde todo el mundo se porta bien contigo. Te ofrecen pintar dibujos que luego cuelgan en las paredes como si de un museo se tratara. Tienes una guardería donde compartir vida con otros enfermitos, como tú… Y todos los niños ofrecen su sonrisa al recién llegado!!
Fue algo que me chocó, no recordaba que los hospitales fuesen así cuando somos tan pequeños… Pero ahora que lo dices… La verdad es que me ha quedado un poco tétrico contando sólo recuerdos de hospitales… Afortunadamente gozo de una excelenta mala salud de hierro, y más de 2 visitas a tu médico al año me parece excesivo… Que siga así!…