Fin de semana lejos de la tierra que más añoro cuando estoy lejos. Alustante es perfecto. El paraíso terrenal. Pero cuando llega el invierno se torna frío en sus entrañas, y las calles y las casonas forman parte de la misma estampa blanca.
Resumiendo, que con el AVE el viaje a los madriles es un paseo. Siempre creí que no podría vivir allí. Madrid es demasiado grande, demasiado frío, demasiado de todo y sin embargo demasiado de nada. Pero una vez marché dispuesto a vivir allí y después de este fin de semana estaría dispuesto a probar de nuevo.
Porque en Madrid, aunque me pese, saben qué ofrecerte para perderte en el pecado. Si la maja se insinúa no eres quién para irte a ver el tres de mayo. Por Velázquez, por el Greco, por Rafael y hasta por Durero que a ese museo mira el mundo entero ¡Si hasta Sorolla, con todo el amor a lo valenciano, fue a dar con sus huesos en esa casa museo!
Porque en Madrid, aunque haya atascos, uno va haciéndose huecos caminando y, aunque las cuestas sean más duras que las llanuras de Valencia, cuentan con un descanso en un palacio acristalado.
Del retiro no me he enamorado, lo siento, más que del río que paseo cada tarde que puedo. Porque lo esperaba más grande, más soñado…
De la puerta de Alcalá tampoco recordaba tanto. Vale que tenga más años que la puerta del mar. Y que hasta sea más grande, y más popular, no digo por la canción, sino por el rebaño que, año tras año, impone su ley de trashumancia y dice que por ahí se pasa…
Porque en Madrid están, entre otros, muchos escritores y poetas que leo porque les admiro y a buen seguro que pronto nos cogeríamos cariño. Porque cumplí un sueño a medias, tomando una caña en el café Gijón a las doce de la mañana. No hubo tertulia pero imaginaba a grandes de la palabra allí sentados y quise probar el cómodo asiento del fondo.
Madrid, eso sí, tiene un Olympo que se extiende por el paseo del prado que no tiene parecido en mi ciudad. Y aunque sea símbolo para merengues y colchoneros, debo reconocer que es hermosa su diosa.
Si además se suma Sabina, mejor dicho, su esencia, en el musical, entenderán que uno pueda ir allí a dejar de pensar… aunque los fantasmas no pagan billete cuando suben contigo al ave. Y se bajan en Atocha y van contigo de paseo por la gran vía y vuelven a entrar en tu mente cuando sueñas como cuando caminas despierto.
Vale que Madrid no es como Valencia, ni tiene el calor familiar que se respira en Segorbe, ni la playa tan cerca como en mi Sagunto natal… No lo podría comparar con Alustante, pero tiene más ambiente, más trabajo, más gente… es diferente. Al menos en Madrid tendría presente Alustante. Tal vez me hospedara en su calle.
Esta boca también es tuya: