Monday, November 2, 2009

Inventario

Llevaba tiempo sin escribir y tal vez haciendo memoria me deje cosas por contar, pero quería poner en orden mi cabeza antes de empezar con una nueva etapa.

Se presentó el otoño enfurecido hasta la locura, y aquejado como anda de eyaculación precoz, no vino para quedarse más que un par de días. Luego volvió la calma, y con ella el calor veraniego. Y en esas estamos, que una noche en Alicante duermes destapado, de corto y con la ventana abierta…

Octubre es un mes de cumpleaños, de felicitaciones de esas que te dejan sin palabras y al borde de la lágrima. De regalos excesivos. De recuerdos dolorosos que no se borran con los años y hasta de despedidas, no tan amargas, porque no hacen tanto daño. De fines de semana bañados en ginebra. De nervios por mi nueva vida, regalo de bienvenida a los 28. De pasar todos esos momentos con la mejor compañía.

Este es el post que se aprovecha de mis palabras y da las gracias a quien se lo deba (es curioso como unos acordes de guitarra te pueden hacer recordar). Porque enmudezco en los momentos serios. Este es el post de quien se emborracha con lo que sea, y alza la copa, y brinda y maldice y lamenta, en el nombre del padre, y del amigo, y del amante.  Es el post de los nacidos para morder el polvo, que sabe bien mientras lo comamos a la vez. Y apuesto lo que sea que de esta mi hermano mayor no se acuerda.

Esta es mi respuesta a las protestas de Fernando. Nos queremos demasiado como para no buscarnos en cada hora muerta, aunque lo deje tirado en la cuneta. Aunque me lea por compromiso.  De no ser por su presencia tal vez hubiera tirado la toalla la otra noche, cuando nos costó algo más de una hora salir de Valencia. Y debo decir que valió la pena. Aquella noche rompimos con la rutina y, dejando a un lado el cansancio, disfruté junto Lena de ése rato por la noche alicantina… Entenderán pues que no me vieran por el pueblo.

En este post cabe un palacio, con su manitas en la cocina y su novia que es mi amiga. Nos abrieron sus puertas hasta el punto que me vinieron buenos recuerdos…  Los vimos tan felices juntos que desde entonces, a menudo, imagino y sueño y pienso que no se puede soñar despierto.

Hoy charlé con mi hermana por teléfono como hacía tiempo. Hoy volví a trabajar, esta vez en tono más serio. Me ilusiona este proyecto. He vuelto a la rutina después de un largo descanso que ya se me antojaba eterno.

No sé con qué frecuencia escribiré en adelante. No sé si tendré cosas interesantes que contar o si tal vez, imitando a alguien a quien respeto, aproveche este espacio para hablar de cosas de informática, que sólo interesan a informáticos, y no a todos, por supuesto. Pero sí que adelanto fecha  (17/11/09) para escribir de nuevo. No sé, tal vez tenga que comentar algo del nuevo disco de Sabina, que ya debe estar en el horno o haciéndose a fuego muy lento. O de como se comporta su voz en el concierto.

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Wednesday, October 21, 2009

Pacto entre caballeros

Me pregunto qué sentirá el poeta cuando se arranca en la primera estrofa. Siempre es difícil empezar, es por eso que cuando escribo termino con el comienzo.

Cuando trato de escribir de lo que siento mis pocos lectores me recriminan que escribo en tono muy serio. Es por eso que algunos posts están tan faltos de comentarios. Como tal vez, por mi temperamento, prefiera que mis penas queden huérfanas de consuelo.

Acostumbrado a nadar contra corriente, y consciente de lo atrevido de la comparación, me decanto por el teatro antes que por las películas de acción. Porque tal vez sus efectos especiales se los lleve el viento, y lleguen hasta mis oídos, cuando tras un reflexivo diálogo entre dos grandes, Héctor Alterio le dijo a José Sacristán aquello de “yo no soy tu padre, pero tú sí eres mi hijo”. Definitivamente me decanto por los escenarios austeros, un cara a cara con el éxito o el fracaso del actor con un jurado que le ponga nota con sus aplausos.

Fiel a mis costumbres, robé tiempo a las hadas que habitan  los sueños para compartir, esta vez sin vinos pero sí con cervezas,  unas reuniones del hampa que llevaban tiempo regateando noches al calendario. Faltó un mate que rematara las empanadas y el vacío argentino. ¡Y hasta tuvimos que dar las gracias a las plumas que nos patrocinaran cierta velada!. Debo mencionar, además, cierto mensaje que me dejó sin habla y una sonrisa de imbécil en la cara. Parco como soy en alabanzas, tardé mis horas en reaccionar y dar las gracias con palabras. Hay cafés que duran un suspiro, pero a veces con eso basta.

Firmamos un bonito final en la estación del norte justo ayer por la tarde. Otro lunes de despedida. Unos labios que se miran y unos brazos que se agitan. Noche de guardia, mañana de parto y a la cama. Tal vez algún día encuentre palabras con que relatar los ciento y pico partos que me haya explicado llegado el momento.

La espera se hace más amena con las risas de Alejandro. La noche se pone seria cuando confesor y confeso se sientan lejos de los confesionarios y charlan y se indizcan y, al terminar la noche, marchan a meditar en silencio.  Salió el título por casualidad, hablando de política. Me vino la inspiración, si esto está inspirado, mientras regresaba a casa.

Hoy tuve unas palabras con alguien que me recriminó por no ocupar la butaca en un concierto. Hoy reflexioné de una conversación de hace ya algún tiempo. Hoy volví a la carga con mis proyectos. Hoy volví a soñar despierto.

Hoy tuve, además, una llamada telefónica confirmando que estará conmigo tratando de cazar alguna sonrisa en el palau de congresos allá por noviembre escuchando a Sabina, en su nueva gira de Vinagre y Rosas.  Se me hace tarde para ir a la cama. Tal vez mañana sonría la fortuna. Mientras tanto buscaré una sábana con que abrigarme el alma.

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Wednesday, October 14, 2009

El puente del Pilar

Pasó el puente rápido, como suelen pasar las cosas buenas de la vida. Unos días de descanso en tierras de Quijotes y Sanchos. Con largos paseos en busca de setas por los montes del zorro, del ciervo o del jabalí. Bajo la mirada, a veces, de un grupo de águilas que hablan de la majestuosidad con que la naturaleza les ha dotado. A veces creo que es absolutamente necesario un poco de paz para tener un soliloquio. A veces creo que esos árboles conocen de mis medios y mis sueños.

Hubo tiempo para todo. Me gusta pasar las horas en el calor del hogar. Alimentando de vez en cuando la chimenea con un tarugo escogido aleatoriamente del garaje. Volver al sillón que antes mecía a mi abuelo y ahora adormece mis ilusiones, tomar un libro, y perderme en el silencio que envuelve al pueblo. Y al llegar la noche, un paseo con el ruido de mis pasos por única compañía, y con aroma a chimenea y a pueblo. Poco a poco la oscuridad de la noche, su silencio, se va volviendo en luces y ruídos del corazón de Alustante, y es que hay que llegar pronto si se quiere coger sitio en el bar de la esquina. En fechas como esta Alustante se sigue llenando de jóvenes, que no de mi quinta, aunque eso no sea un problema para dejar correr las horas deprisa entre cubatas e historias más o menos maquilladas.

Mientras, en Alicante, Lena alcanzaba la centena, y se llamaba Rosario. Y mi sonrisa se contagió de la suya mientras me contaba como fue sacar, una vez más, vida. Y de como las mamás lloran de alegría olvidando lo sufrido. Este mes nos hacía falta. Hemos vuelto a engañarnos, por unos días, pasando las horas juntos entre semana como hacíamos antes de que el destino nos pusiera a prueba. En tiempos como estos, ociosos por fuerza que no por capricho, viene bien dejarse llevar por los deseos y abrazar las ilusiones.

Unos arrogantes pájaros, orgullosos de sus plumas, dieron más de una alegría a mi amigo Fernando, y bien merece mi enhorabuena si gusta de tenerme por compañía en una cena a escondidas.

Hoy ya es miércoles y no sé como se ha vivido en Valencia las últimas pesquisas entorno a la trama Gürtel. Hoy tuve una entrevista de trabajo, a ver si hay suerte. Hoy se habla del derbi de la plata e imagino que la flaca andará maquillándose la cara con el color celeste, afinando sus cuerdas con algunas palabras ripiosas que adornaban su login:  “No te pido un imposible, lo diste y lo vas a dar!” VAMOS HOY URUGUAY!!!

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Monday, October 5, 2009

Perdonen la tristeza

“La grandeza de tu corazón siempre perdurará en nuestro recuerdo.”

Hace hoy catorce años el cielo rugía y lloraba mientras lo miraba impasivo desde la puerta que daba a la calle. Aislado en mis pensamientos. Trataba de ordenar mis recuerdos. De ocultar mis emociones. De no llorar al silencio.

Hace hoy catorce años que ví derrumbarse a mi padre. A oscuras en el comedor. Él no sabe que yo lo miraba desde mi habitación. Tal vez no se pueda buscar consuelo en el absurdo.

Hace hoy catorce años mi hermana lloraba y me mandaba a la cama a eso de las seis de la mañana. Me engañó y me mandó al instituto como mi hermana mayor que era. La que llevaba el mando de la casa cuando mis padres no estaban. Habían ido al Puerto porque habían ingresado a mi tío Ángel, me dijo. Aquella mañana llegaba a casa pensando en él. En que esa tarde iríamos a verlo.

Abrí la habitación, que estaba cerrada, y vi la ropa sobre la cama. Esa escena la había vivido hacía escasos siete meses, cuando la despedida de mi abuela. Arrojé la mochila al suelo y fui corriendo a la habitación de mis padres. Mi padre me dio la noticia mientras su voz se iba apagando. Mi primer reflejo fue sentarme en su cama, y al descubrir una lágrima que bajaba por mi mejilla, huir de su consuelo.

Hace hoy catorce años y unas horas mis lágrimas se mezclaban con las gotas de lluvia de un cielo gris a la puerta del tanatorio. Apenas pude mirar su cuerpo sin vida unos segundos, abrazarme al marido de la luchadora que me recibió llorando, y salir a rumiar mi dolor donde nadie pudiera verme, donde nadie pudiera molestarme.

En el momento de su despedida, desde la tercera fila, observaba aquel trozo de madera. Miraba a mi abuelo, arropado por dos hijos derrumbados como él. Miraba con pena a mi tía y no dejaba de pensar en su hija. Trataba de encontrar sentido a la vida y acaso a su justicia.  Fue mi abuelo quien rompió el silencio con un grito de despedida en el cementerio…

Dejó en su legado aquella sonrisa, su paciencia con los pequeños, una revancha de una partida de ajedrez y muchísimos recuerdos.

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Monday, September 21, 2009

Un finde cualquiera el paraíso

Un fin de semana cualquiera cogímos el coche, cargado con ropa de abrigo y muchas ilusiones. Alustante bien vale mi sonrisa.

Esta vez sonaba Fito. Esta vez el cielo se marcó el detalle y no llovió por el camino. Esta vez Alustante nos recibió a medio camino entre la soledad que hace el frío y el recuerdo de un lleno absoluto allá por agosto. Esta vez sí, me acordé de Ana repitiéndose en mi recuerdo aquella frase que quedó grabada para siempre. Y es que esta vez Alustante olía a pueblo. A pueblo y leña, y frío y monte. Y soledades que curan hablar cuando llegas a las tiendas y compras, porque Alustante, desde hace algunos años, ha perdido en bares, pero ha vuelto a recuperar el placer que te da escoger la tienda donde comprar las papas, el queso o el jamón.

Esta vez sí, escuché la berrea. Y volvimos a ver ciervos, con lo que le gusta a Lena. Y volvimos a pasear por las montañas. Yo mirando al suelo a ver si algún rebollón tempranero asomaba. Lena abriendo su olfato, agudizando su oído, fijando su mirada en las pinadas, dejando escapar algún suspiro y señalándome cuando descubría en lo alto algún águila que volaba ajena a un cielo gris.

Por un trabajo no terminado a tiempo el jueves me acosté pasadas las seis de la mañana. Y es por eso que la noche del viernes a las once estábamos en cama. No fue hasta el sábado que subimos al bar y echamos un trago en Hontanar. Y dada la poca afluencia de los míos por estas fechas volvímos pronto a casa, no sin antes dar un último paseo. Contemplar las estrellas desde la oscuridad de las eras, visitar callejas sin vida, cerradas por el frío y contarle mis recuerdos… Despertar en Alustante con los mejores besos. Asomarse unos minutos a ver el molino allá a lo lejos. Observar desde lo alto un campo de girasoles cabizbajos. Huertos recién labrados. Con sus eras, tan faltas de trigo. Escuchar el lenguaje de unos chopos allá a los lejos, bajo un cielo de llanto fácil, se me antoja el paraíso.

Un domingo cualquiera cogímos el coche, dejando en mi tierra algunos besos y abrazos por falta de espacio en el maletero. Nos despedimos de esas piedras, de esas calles y de la poca gente que quedaba y marchamos indecisos de volver por Cella o por Santa Eulalia. Y en el cruce de Bronchales dimos un giro a los planes. Torciendo a la derecha, subiendo el pueblo, camino de Nogueras, que es bonita la carretera, con sus curvas y sus cuestas que conducen a Albicirrín. Con las ventanillas a medio bajar, no fueran a notarse los diez grados que marcaba el termómetro, anduvimos unos kilómetros en silencio, sólo roto por el cantar del río Guadalaviar, que en Valencia pasará a llamarse Turia. Una mirada a las montañas agrietadas bastó para detenernos a dar un paseo.

Tramacastilla es pequeño, muy pequeño. Casi podría decirse que no tiene vida, de no ser claro porque vimos coches y perros esperando en la puerta de un bar que estaba abierto. Y porque su gente es amable con el viajero. Tramacastilla tiene un anciano, y un hijo de éste. Y ambos  se sientan juntos a ver la vida pasar en la parada de autobuses. Tiene además un señor algo más joven que el anciano, de voz muy dulce, que acompaña al viajero unos pasos mientras le cuenta historias divertidas de sus nietos. Y al caminar, de nuevo solos, Lena me mira y sabe que mi sonrisa no es sino porque acabo de conversar con ellos. No habrá placeres tan baratos y que me llenen tanto.

Y por fin Albarracín, que tan bien nos conocemos. Resulta gracioso ver turistas escandalizados al ver una casa pintada de azul como si de una casa andaluza tratara. Lena y yo nos miramos y nos preguntamos si tal vez les viniera bien una explicación de unos atrevidos viajeros que hagan las veces de guía. Nos decantamos por seguir nuestro paseo sin interrumpir sus protestas por un Albarracín con resaca de fiestas. Eso al menos deduje de su plaza de toros, tan parecida a la que hace tiempo montaban en mi pueblo.

20092009609

El regreso a casa lo hicimos sin detenernos en mi Segorbe. Sin parar en Sagunto a visitar las piedras que esconden a Mozart. Sin ver a más familia que nuestros padres. Ducha rápida y a la estación del Norte. Un beso de despedida y un brazo que se agita.

Dejo esta canción, me faltó escucharla.

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Thursday, September 10, 2009

Esto ya está escrito

Ayer volví al lugar donde habitan mis recuerdos de infancia.

Sé que me repito, pero no puedo dejar de escribir de lo que siento.

Septiembre acostumbra a llevarse los recuerdos de unas fiestas cansadas y disolutas casi por igual. Sus historias, nuestras historias, andan en boca de todos durante algún tiempo. No acostumbran a alargarse más de un año, salvo alguna gesta que todavía no haya sido inventada. Este año el premio se lo llevó la charanga, saliéndose en una curva a escasos kilómetros de Alustante. Por fortuna no fue más que el susto y la comidillida de los jugadores de guiñote cuando vieron aparecer a la grúa cargando con lo que quedaba de aquel pobre Focus. Que tenga arreglo lo desconozco. Peor estaba el coche (y tuvo arreglo) de cierto amigo de cuyo rostro no logro acordarme cuando, en una curva con gravilla, contraperaltada y mal señalizada, nos salimos dando una vuelta de campana. Aquel día fuímos víctimas de los rumores de los ancianos jugadores del guiñote. Llegaron a contar a cuatro ocupantes (uno debieron darlo por muerto al ver que llegábamos sólo tres con algún rasguño, pero nada serio), y el conductor, contaban, borracho perdido a las doce del medio día. Vaya usted a saber si tomó algo más duro…

Septiembre es, al mismo tiempo, tradicional fiesta taurina, ¡de interés turístico internacional, oiga!. Septiembre es Segorbe, Segorbe es septiembre, y en ellos van mis recuerdos. Tal vez podría aventurarme a encontrar aparcamiento por el centro. Pero acostumbro a dejarlo enfrente de la casa que me vio crecer. Como si todavía mi iaio, asomándose a la ventana como acostumbraba a hacer, pudiera verme salir de allí con esa sonrisa que sólo provocan los recuerdos. Tal vez, digo, pudiera aparcarlo por el centro. En cuyo caso me perdería la oportunidad de adentrarme por sus entrañas, dando rienda suelta a mis recuerdos. Creo que conservo un recuerdo por cada calle, a veces, incluso, dos. Ha cambiado desde que me fui. Aquellas explanadas donde jugaba con mis amigos de infancia son ahora fincas, fincas y fuentes con bancos, y flores y árboles. Imagino que en otro tiempo formen también parte del paisaje niños y ancianos.

No acostumbro a caminar solo. Esta vez le tocó a Fernando sufrir mis sonrisas, mis historias y mis lamentos. Mucho debe quererme, o tal vez había algo de cierto en su interés, cuando me preguntaba, caminando a paso ligero, por aquellas historias que repito cuando viajo a mi infancia. Nos pusimos en el estrecho, donde acostumbro a verlo. Tuve suerte y nadie se puso a mi lado, lo ví solo, muy pegado a una escalera. Fernando, algo más cauto, se alejó unos metros. Los vio desde la curva, me cuenta que muy atento. ¿Cómo estuvo la entrada? Fue casi perfecta. Los caballistas los cuadraron bien. Lástima que un cabestro quedara algo rezagado del resto, obligando a tres caballistas a acompañarlo hasta la plaza.

Por si tenéis interés en verlo, aquí os lo dejo. (si utilizas firefox debes instalarte un plugin, recomiendo ver el vídeo en internet explorer).

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Saturday, September 5, 2009

Llegar a viejo

Este notario no firmará lo que escribo. Pero no es a él a quien se lo debo, sino a quien se lo dedico.

Noventa y seis años. No me pregunten por los meses. Sólo sabría decirles que le sobraron unos cuantos el mismo día que aquella mano, viejita como la suya, fría y sin vida, dejó de acariciarle.

Se fue con los deberes hechos. Marchó dejando un legado, duelo y silencio. Que Pablo lo haya aceptado no es de extrañar. A veces lo habíamos hablado. Con los abuelitos tan mayores, pasados los noventa ambos, es inevitable que se marchen tan de corrido. Que Pablo lo haya aceptado así de bien es un alivio. Porque sí, porque llego tarde y sin palabras con que dar consuelo.

No hace mucho, hablábamos de él. Mi sosias me decía, pensando en voz alta, lo mucho que nos queremos sin necesidad de vernos. Porque encontró su camino lejos del nuestro pero seguimos siendo uno cuando estamos juntos. ¿Que cómo lo conocí? Mejor no sacar trapos sucios en este momento… Lo importante es que la vida me dio la oportunidad de conocerlo. De apreciarlo, llegado el momento. De sentirme su amigo. Uno más en su familia que por ése carácter no para de crecer, adoptándonos a mayores y viejos.

¿Que por qué hago esto? Porque se lo debo. Llegué tarde y a destiempo. No sabía qué decir, él rompió el silencio. Tal vez mis palabras le alivien hasta que su tío, con su cariño y su temperamento, nos hable del duelo, de sus recuerdos con papá, que ya descansa con mamá. Tal vez nos diga mientras en alguna parte, detrás del silencio, cogidos de la mano, vuelvan a sonreír de nuevo.

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Tuesday, September 1, 2009

El corto verano se acaba

Mis veranos acostumbran a terminar el 31 de agosto. Lo anuncian las campanas en lo alto de una iglesia que quizá este año no se haya sentido coqueta a mis miradas porque apenas tuve tiempo de verla.

Mi verano empezó una noche cualquiera, en la mejor compañía. Celebrábamos sin saberlo un buen año. Lo hacíamos junto a la playa, tomándonos una paella, con un vino blanco de los de Valencia. Paseamos por el puerto y nos comimos a besos. ¿Acaso pueda empezar mejor mi historia?

Le debía a Lena dos semanas de sus vacaciones y las cubrimos lo mejor que pudimos. Una excursión a las montañas de Serra. A las cercanas y alejadas tierras de mi pueblo. Un fin de semana en las playas de Denia y Formentera me descubrieron que no pinta mal la playa. Cinco días recorriendo las playas de Ibiza y Formentera con la familia de Lena era como soñar despierto.  Nunca imaginé de esos colores el fondo del mar. ¡Qué aguas!

Agosto es un mes cargado de cumpleaños, recuerdos que no puedo olvidar, y fiestas. No sabría explicarlo, pero basta con decir que Alustante es un sentimiento. Este año no he podido subir todo lo que quería por mi pueblo. No pude coincidir con Tomás antes de su marcha a Odense como tampoco pude estar con otros veteranos que cada año no se olvidan de fichar. Es por eso que quizá cogí con ganas las fiestas. Porque con Ruedecillas es fácil dejarse liar y al final nos gusta estar en misa y repicando… Así que vivíamos la noche y no nos acordábamos de descansar de día. Y así acabamos, marchándonos a dormir un sábado cualquiera a las 8 de la tarde a ver si recuperábamos las horas de sueño que durante 2 días en vela (salvo una siesta de un par de horejas) llevábamos cargando a cuestas.

Agosto me ha servido para disfrutar de los míos. Para pasar algo más de tiempo con mi abuelo, cada día más mayor. Para recordar a los que ya se han ido. Duele ver que el  silencio no entiende de edades. Con septiembre toca empezar otra vez de cero. Alejandro ha empezado hoy una nueva etapa en la guardería. Con septiembre todo ha vuelto a la normalidad. Alicante se ha llevado mis tesoros (no todos, alguno anda suelto por el norte). Segorbe empieza sus fiestas y en breve sus encierros. Cuando llega la noche me encierro en mi habitación, enciendo el ordenador, tomo asiento y busco y encuentro y escucho en silencio con la frente marchita.

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Thursday, August 6, 2009

Agosto

Empezar este post me ha costado especialmente. Quería escribir de muchas cosas, resumirlas y dedicarles las mejores palabras. Confieso que lo escribí sin ganas. Pero al terminar no he podido sino sonreír al descubrir que el verdadero sentido de la vida no es otro que ser feliz.

Este no es más que otro agosto en soledad. Cargado de recuerdos de un julio de buenas sensaciones, de playa, de muchas horas en la mejor compañía.
Con la bochornosa faena de Morante. Aceptables aplausos al Juli y respetuosa ovación al Fandi.
Es el mes de los paseos en soledad, una noche cualquiera, por una playa que ha olvidado ya las huellas que en su caminar asoman. Es, además, el recuerdo de aquellos peces que, una mañana cualquiera, eran testigos de que se puede bucear con una sola mano por las cristalinas aguas de Formentera.

Al fin cumplí mi promesa y volví a la tierra donde Fernando manda.

Es el recuerdo de la luchadora. Hace un año que marchó, pero Alejandro me invita a recordarla cuando me pide que le ponga la quica que acompasa el trote alegre de los tordillos.

No soy Unamuno aunque a mi también me duela España… Yo soy creyente… No soy Unamuno, digo. Es por eso que no voy a atreverme con una novela, pero dejo por escrito un retazo de la historia de Manuel, siempre bueno y cada vez más mártir.

Y para mártires, uno cercano, aunque a veces distanciado. Porque su empeño me provoca admiración, más respeto del que ya le tengo. Pero es su empeño el que me aborrece por más que le insista.

Una pareja orgullosa de ser pobre me enseña sus riquezas, que no las compra el dinero. Acaso vivan los demás, infelices, comprando desdichas creyendo encontrar bonanza.

Hoy Charli me habló de la muerte. Quizá reflexionaba en voz alta. Tal vez soñaba.

Hoy no recibí el tan deseado mensaje de cierto amigo de infancia que me mostrara la grandeza de Ramses allá por Abu Simbel.

Hoy es, de nuevo, miércoles. Miércoles con mi vieja amiga. Hoy sé que muy pronto nacerá Lucía.

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Friday, July 31, 2009

Carretera y manta

Sin pensarlo y hasta sin saberlo hemos recorrido parte de los caminos… El del cid, el del Quijote. Historia y literatura entremezcladas a veces para hacer las delicias del abajo firmante.



El verano que nos ocupa empezó con retraso.  El poco tiempo que llevamos ha sido intenso, muy intenso. Repleto de excursiones con un poco de las cosas que me gustan a mi y un poco de las cosas que le gustan a Lena. Hemos combinado paseos por las montañas con visitas a pueblos que conocen su historia. Y la lucen y la guardan con recelo y hasta la hacen suya. Pero la comparten con los visitantes que, si bien deben ser muchos en otras épocas del año, se extrañan al vernos entrar a preguntar en sus oficinas de turismo un día cualquiera.

Con motivo de una escapada a las montañas de Serra escuchamos el silencio que se respira alrededor de un monasterio que optó por cerrar sus puertas al ruido del mundo, y tras sus muros hay un anciano monje que se asoma a hablar con los visitantes y pide que no le tengan vergüenza, porque como dice él, “no tengas vergüenza, que con toda la que sobra en el mundo…”

Disfrutamos de unas vistas en lo alto de una montaña, casi tocábamos el cielo con la punta de los dedos, y el viaje hasta lo alto de aquel lugar, que no ocultaba tormentas, fue divertido a lomos de un 4×4 al que le perdí el respeto a tiempo de disfrutar de sus cuestas.

Recorrimos una parte de las Españas en poco tiempo. Y así, un poco en tierras aragonesas, un poco en las castillas (la vieja y la nueva) fuimos entremezclando ilusiones, recuerdos, caras de asombro y sonrisas que no se podían ocultar cuando, en el monasterio de piedra, una guía joven y educada daba muestras de sus conocimientos a lo largo de unas paredes a trozos derruidas que esconden paz entre sus piedras.  Y a través de sus palabras viajamos en el tiempo tratando de visualizar sin cerrar los ojos al abad, sentado  bajo unos ventanucos. A un monje confeso entre los cuatro pilares, denunciando públicamente cualquier pecado. Rompiendo el silencio un murmullo que hablaba de no sé qué castigo, no demasiado severo para con su hermano… Vimos las bodegas donde hacían su preciado vino. Nos mostraron la cocina donde se cocinó por vez primera el chocolate en Europa allá por el 1500. Sorprende que al entrar todavía huela a hollín. Respiramos silencio a lo largo de su claustro… ¿Qué pasaría por la mente de aquellos monjes al pasear por el claustro?

Y al terminar la visita, un trozo de paraíso.  Las cascadas, con su rítmico cantar, hablaban al viajero. Y estas manos se imaginaban viejitas y arrugadas, descansando en aquellos bancos una tarde cualquiera. Apartado de la monotonía de este mundo de locos todavía por civilizar.

Pernoctar en Alustante no siempre es sinónimo de esperar al sol despierto. A veces, Alustante se refugia entre las montañas, como esperando a su gente. Y la vida gira entorno a un bar que cierra pasada la media noche y los cafeses y los pacharanes son las almas de la fiesta. Me gusta pasear con Lena de noche por las eras. Enseñarle el manto de estrellas que aprecia como hacía yo hace ya tanto tiempo… Es curioso como se pierde la costumbre de valorar lo bueno de las cosas cuando se acostumbra uno a ellas.

Una mañana en compañía de la familia y vuelta a la carretera. Esta vez a Sigüenza, la del doncel, la de la Solateras. Y esta vez sí, vimos el doncel de cerca. Tan cerca que casi podía sentir que su mirada se desviaba por unos segundos de su lectura eterna, y al tiempo que pasaba de página, me miraba de soslayo… Siempre he sentido admiración por los entendidos en la materia, no importa cual fuera. Y no dudé en quitarme el sombrero, abrir bien los ojos y casi sin darme cuenta la boca escuchando a un guía que con acento tirando a uruguayo nos explicaba la gloria y la decadencia de aquella ciudad, de aquellas piedras. Y este eterno aprendiz de brujo ya está pensando en regresar de nuevo. La próxima vez en martes, jueves o sábado para bajar a ver la cripta. Y es que de pasear por esas calles uno nunca se cansa.

Si Lena ya me anticipó que aquella catedral bien podría pasar por fortaleza, miró también con asombro el castillo en lo alto. Una comida en la casa del doncel y un paseo por los medievales seguntinos antes de coger el coche otra vez, carretera y manta, a Medinaceli, que pinta bien la carretera que te lleva directo desde Sigüenza.

Ya me advirtieron que me iba a gustar, casi tanto como todo lo recorrido en tan poco tiempo. Un lugar que conocía por su ducado. Cuanto desconocía de su historia. Nos recibió en lo alto su puerta romana, única en España.  Anduvimos por aquellas calles y advertí que en Soria se trabaja de forma distinta a la piedra en las casas… Qué placer daba ver a su gente, anciana como sus piedras, envejecer al tiempo que su tierra. Viendo pasar la vida tranquila en cualquier recodo si es bueno para hacer sombra.

Y de regreso a casa, un paseo, una vez más, por mis recuerdos. Todavía tengo alguna nueva historia que sacar de la chistera cuando camino deprisa hasta la pastelería Mauro, a tomarme unos jericanos.

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